martes, 25 de noviembre de 2014

Película “El creyente” – Un judío nazi nihilista

Película “El creyente” – Un judío nazi nihilista



Advertencia de spoiler: Este artículo resume la trama de la película El creyente y cuenta su final. La película fue aclamada por la crítica, ganó el Gran Premio del Jurado en el Sundance Film Festival en 2001 y el Golden St. George en el 23er Festival Internacional de Cine de Moscú, y su protagonista fue muy elogiado por su actuación. Repito, aquí se cuenta cómo termina la película.

Nota introductoria: El autor del texto central que aquí publico escribe desde su perspectiva como católico practicante y estudioso de teología romana. Considero que su análisis es acertado en la medida que explica el espíritu que mueve el apoyo de los sionistas, tanto judíos como cristianos, a la masacre desatada en Palestina durante la última década por parte de Israel. En ese sentido, este artículo revela un profundo alcance teológico, social y político de la película en relación al camino que el Judaísmo está siguiendo y a lo que podemos esperar de Israel en el futuro.


Publicado originalmente por Dr. Henry Makow* en julio 1º de 2014 en henrymakow.com/the_nihilist_the_nazi_the_jew.html

* Henry Makow es un escritor canadiense y doctor en literatura inglesa.


Quizás la única película que le da una mirada crítica al Judaísmo es esta, de 2001, que trata de un judío que se hace nazi, y que no logró recuperar en taquilla el dinero invertido, a pesar de obtener el 84% de opiniones positivas de los críticos.

Henry Bean, el director, dice que los distribuidores de Hollywood rechazaron la película después de que una audiencia de matronas judías en el Centro Simon Wiesenthal la calificó con sus pulgares hacia abajo.

En la crítica siguiente, donde Jones utiliza el término “nihilista” yo usaría “satanista.”



Judíos nazis
Por Dr. E. Michael Jones**
Publicado en abril de 2011 en www.culturewars.com/2011/JewishNazis.htm
Extracto editado por Henry Makow en mayo 2011

** E. Michael Jones es un escritor estadounidense y exprofesor de la universidad de Santa María en Indiana, Estados Unidos. Es editor de la revista digital Culture Wars y autor de varios libros acerca de la relación entre la Iglesia Católica y el secularismo, y sobre las fricciones históricas entre católicos y judíos. Entre sus obras se encuentra el libro “Judíos nazis”, de donde se tomó este fragmento.


El creyente es una película de 2001 escrita y dirigida por Henry Bean acerca de un judío ortodoxo, interpretado por Ryan Gosling, que se hace neonazi. La película está inspirada en la vida de Daniel Burros, un neonazi que cometió suicido a mediados de la década de 1960, después de que un periodista del New York Times escribió un artículo en el que lo exponía como judío.

Según Bean: “Burros estaba alojado en un campamento en Poconos con los neonazis cuando apareció la historia en el New York Times que afirmaba que él era judío. Los nazis no estaban molestos. Ellos solo decían bien, sentémonos, podemos hablar de esto. Pero Burros salió de su habitación, se puso un revólver Wagner y se disparó. Se suicidó menos de una hora después de que la historia salió a la luz pública.”

Bean comenzó a indagar la historia de Danny Burros en la década de 1970 cuando  vivía como escritor en la costa oeste. Comenzó a ver a Burros como la representación se una clase particular de judío. “Él era un rabino frustrado. El antisemitismo es una forma de Judaísmo practicante. Él es una especie de rabino, después de todo. Judío en el día, nazi en la noche… Estaba ocultando desesperadamente algo y al mismo tiempo trataba de exteriorizarlo compulsivamente. La gente es llevada a la contradicción. Él experimentaba una conversión, pero no de regreso a la Tora.”

Al contar la historia del judío nazi, Bean concluyó: “Comencé a entender lo que es el Judaísmo.”

La explicación de Bean sobre cómo un judío puede convertirse en nazi está en la raíz teológica. A través de una serie de flashbacks, el espectador ve a Danny Balint, como se llama en la película, discutiendo con su maestro de la escuela talmúdica sobre si Abraham le perdonó la vida a Isaac, como se relata en el Génesis, o si, como Danny sostiene, este último murió en el monte Moriah.

Los problemas de Danny con la religión derivan del hecho de que él se toma la Tora mucho más en serio y de forma más literal que sus compañeros de la escuela talmúdica. Cuando uno de ellos le dice a Danny que “el temor de Dios es el comienzo de la sabiduría,” él se explaya en prosa: “El temor de Dios,” responde, “te hace temerle a todo. ¿Acaso crees en Dios? Yo soy el único que cree. Lo veo como el loco ebrio de poder que es. ¿Y se supone que debemos adorar semejante deidad? Yo dijo: jamás.”

En ese punto, el profesor le dice a uno de los estudiantes: “Pídele al rabino Singer que retire a Danny de mi clase,” lo que impulsa a Danny a elevar sus ojos y decirle a Dios: “Deja entonces que Él me destruya ahora mismo. Que me destruya como el matón vanidoso que es. ¡Hazlo!”

Cuando Danny accede a que lo entreviste un periodista del New York Times, le da un discurso elocuente de antisemitismo. El Judaísmo “es una enfermedad… El verdadero judío es un nómada y un errante. No tiene raíces ni apegos. Lo universaliza todo. Todo lo que puede hacer es comprar y vender, y manipular los mercados. Todo es mental. Marx, Freud, Einstein: ¿Qué nos han dado? Comunismo, sexualidad infantil y la bomba atómica. Ellos no quieren nada más que la nada, nada sin fin.”

El eje central de El creyente es teológico. Danny ha penetrado el corazón de la religión judaica al entender que los judíos adoran la Nada. Como le dice al periodista del Times, los judíos “no quieren nada más que la nada, nada sin fin.”

El periodista del Times queda impactado, pero al momento en que el verdadero problema surge, él cambia el tema. “Wow,” le dice a Danny, “tienes una oratoria increíble, pero ¿cómo puedes creer todo eso si tú mismo eres judío?”

Al verse confrontado por la contradicción en el corazón de su identidad, Danny se pone violento. Al principio niega ser judío, luego amenaza con demandar al Times si el periodista publica el artículo: “Su irrespeto es temerario. Voy a demandar a su periódico judío de porquería.” Finalmente, saca un arma, se la pone en la boca al periodista, y como si no fuera consciente de la contradicción, le anuncia: “Si publica ese artículo, me mato.”

Todos los temas que hemos estado discutiendo —judíos, racismo, nazismo, nihilismo y violencia— están presentes en esta poderosa escena. En este punto, comienzan a unirse en una imagen coherente.

El judío nazi es un terrorista político, pero es antes que nada, un nazi, es decir, una clase particular de socialista. Los judíos fueron atraídos hacia el socialismo y el comunismo a lo largo del siglo XIX. De hecho, los judíos constituían la columna vertebral de esos movimientos. Los judíos se sienten atraídos hacia esos movimientos porque les proporcionan tanto un antídoto como una forma de expresar políticamente el nihilismo judío, que surgió cuando llegó la Ilustración a los shtetl (villas judías en Europa central y oriental) y destruyó el Judaísmo rabínico.

Privado de una cosmovisión coherente, el judío continúa teniendo el sentido de ser miembro del pueblo elegido, lo que ahora solo puede hallar expresión en la violencia revolucionaria. La mejor forma para que el shtetl judío consiguiera Tikún Olam (reparar el mundo) era por la vía de la dinamita y el revólver Colt.

EL JUDAÍSMO ES NIHILISTA

Después de su rechazo de Jesucristo, los judíos confeccionaron una religión que está basada en la ausencia de Logos, es decir, la ausencia de Ser, es decir, la nada.

Si la Eucaristía en el tabernáculo en la Iglesia Católica se puede denominar “la presencia real”, entonces lo que los judíos que rechazan a Jesucristo adoran en su sinagoga puede ser denominado “la ausencia real”, que es otra palabra para la nada. Los judíos no adoran nada, o mejor, los judíos adoran la nada. El judío, como Jacques Derrida ha señalado a su pesar pero con amplitud en su crítica literaria deconstructiva, está obsesionado con la ausencia de presencia o la presencia de ausencia.

El nihilismo conduce inevitablemente a la violencia porque la violencia, que es una manifestación de la voluntad arbitraria y autónoma, es la única forma en que la persona activa puede asegurar su existencia en un mundo sin Logos.

La violencia es una forma extrema de autoafirmación, y solo las formas extremas de afirmación son lo suficientemente potentes para evitar el deslizamiento hacia el no ser al que el judío nihilista está expuesto por el hecho mismo de que es judío.

El nihilismo, en otras palabras, conduce inevitablemente a la violencia. Así que, para regresar a la trama de El creyente, cuando Danny entra a una librería judía, se encuentra con uno de sus excompañeros de la escuela talmúdica (Yeshiva), que lo invita al servicio religioso en la sinagoga —la misma sinagoga en la que resulta que Danny puso una bomba, que no llegó a estallar.

Esta vez él pone otra bomba, programada para estallar durante los servicios del Sabbath, en los que decide leer la Tora. Cuando Danny va a la sinagoga, se encuentra con uno de sus excompañeros de la Yeshiva, que lo llama “judío nazi.”

Al mostrarnos a Danny en la sinagoga donde ha plantado una bomba, Danny el nazi por fin tiene éxito en matar a Danny el judío. Pero ya que muere recitando la Tora, es igualmente exacto afirmar que Danny el judío termina matando a Danny el nazi.

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sábado, 8 de noviembre de 2014

Del árabe al español: ¿transliterar, transcribir o traducir?

DEL ÁRABE AL ESPAÑOL: ¿TRANSLITERAR, TRANSCRIBIR O TRADUCIR?




Sobre las dificultades de escribir palabras árabes en alfabeto latino, y exposición de la forma correcta de transcribir palabras árabes al idioma español


Por: Said Abdunur Pedraza



El árabe es el idioma del Corán. En árabe están escritos no solo el libro sagrado de los musulmanes, sino todas las grandes obras de exégesis del mismo (tafsir), así como las compilaciones de los dichos y tradiciones del profeta del Islam (jadiz). Sin importar el idioma que hable un musulmán, en su vida utiliza muchas palabras del idioma árabe que representan conceptos específicos de su religión, y que no son fácilmente traducibles a otras lenguas (como imam, chirk, sura, etc.). De igual manera, los libros sobre Islam, traducidos o escritos en idiomas distintos al árabe, utilizan estas palabras. El problema está en que el árabe se escribe con un alfabeto diferente al que utilizan las lenguas occidentales; por ello, si dentro del texto se utiliza una palabra árabe sin traducir, no es posible escribirla en sus caracteres originales pues el lector no podría leerla.

Entonces, se hace necesaria la utilización de algún medio que permita al lector leer la palabra, o incluso, pronunciarla correctamente. Existen varios métodos que han ido apareciendo a lo largo de la historia, y que han quedado consignados en diferentes textos: Quizás el primero haya sido Estudio sobre el valor de las letras arábigas en el alfabeto castellano, publicado en 1874. En 1928 apareció el libro Notas sobre transcripción de palabras árabes, y en 1943, Normas de transcripción, ambos publicados en Tetuán. La Organización de las Naciones Unidas ha presentado también un método para que los miembros de los diferentes países tengan un sistema unificado de notación que pueda ser entendido por todos, ya que el árabe se ha convertido, en las últimas décadas, en el segundo idioma oficial más importante de la ONU (después del inglés) por el volumen de información que debe traducirse permanentemente desde dicho idioma. Lo propio hizo la organización internacional de estándares, publicando normas al respecto como la ISO R 233 de 1961 y la ISO 233 de 1984.

El problema para el desarrollo de estos métodos reside en que en el idioma árabe existen sonidos o fonemas que no tienen equivalente en el español, como el gutural de la ع o el sibilante de la ز. El árabe tiene, por ejemplo, cuatro tipos de ‘d’ y tres tipos de ‘j’ que generalmente resultan idénticos al oído del hispanoparlante común. Para resolver este problema, se han desarrollado diferentes métodos de escritura que han sido catalogados de diversas maneras. ¿Cuál utilizar? Depende del público al que se dirija el texto en el que se incluyen las palabras árabes. En términos sencillos, hablamos de transliterar, transcribir o traducir.


LA TRANSLITERACIÓN

TRANSLITERAR significa utilizar algún método para representar de manera exacta cada fonema de la palabra árabe, de modo que el lector pueda pronunciarla como si la leyera en su lengua original. Este método se caracteriza por su reversibilidad. Esto significa que el lector puede reconstruir la palabra original en alfabeto árabe a partir de la palabra transliterada. Para lograr esto, es necesario recurrir a símbolos que no son propios del idioma español, sino que son signos fonéticos utilizados por los expertos estudiosos de las lenguas. El Alfabeto Fonético Internacional incluye signos para representar los fonemas no solo del árabe sino de cualquier idioma; estos signos no nos resultan del todo desconocidos puesto que muchos diccionarios de inglés, español y otros idiomas, representan el sonido de la palabra con símbolos fonéticos. También, hay algunos libros sobre Islam en español en los que se transliteran las palabras árabes.

Este método es útil y necesario en textos avanzados, como los de profundización en jurisprudencia islámica y de exégesis del Corán, en los que se suele emplear una gran cantidad de términos en árabe. La transliteración es compleja debido a los signos que utiliza, y solo puede ser entendida por alguien que conozca los símbolos fonéticos, pero sin ella sería casi imposible diferenciar palabras con sonidos muy similares, pero que representan conceptos islámicos muy distintos.

La transliteración es el método más utilizado en textos académicos avanzados, pero no existe una forma única para transliterar un texto árabe al alfabeto latino. Por ejemplo, el término árabe para designar al idioma árabe clásico es «العربية الفصحى», que transliterado según uno de los diversos métodos desarrollados hasta ahora para la equivalencia fonética, sería: «al-'arabiíah al-fushaà», pero según otro método, sería «al-3rabiat ul-fus7aa».

Se puede incluir al final del libro una tabla que explique los símbolos utilizados, para facilitar su lectura a quien no esté familiarizado con ellos, o se puede recurrir al Alfabeto Fonético Internacional. Sin embargo, este método no resulta útil para textos de nivel básico o intermedio, y mucho menos para escritos dirigidos a público no musulmán. Citando el Manual de Español Urgente, en su apartado Normas de transcripción”:

«Para intentar la pronunciación única, habría que recurrir a un sistema de transcripción fonética internacional; pero existiría la dificultad de conseguir que un alfabeto fonético (distinto del corriente en cada lengua) llegara a ser manejado por los no especialistas y sirviera para los medios de difusión verbal.»


LA TRANSCRIPCIÓN

TRANSCRIBIR significa escribir la palabra árabe de la forma más cercana posible a su sonido original, solo con el uso del alfabeto español. Aquí no es posible la reversibilidad, y el lector no estará en capacidad de pronunciar la palabra tal y como se pronuncia en árabe, pero podrá leerla con facilidad y con una pronunciación cercana a la original. Es un método útil para textos de nivel básico e intermedio y para los medios masivos de comunicación, pues acerca al lector al sonido de la palabra árabe, pero no lo obliga a conocer los complejos símbolos fonéticos. Este método es ampliamente utilizado en las traducciones al inglés y al francés, lo que infortunadamente le ha planteado un problema a los traductores al español.

Debido a que en el siglo XIX los imperios británico y francés invadieron y dominaron oriente medio y el norte de África, respectivamente, se desarrollaron métodos de transcripción al inglés y al francés para poder escribir nombres de personas y ciudades en alfabeto latino. España por su parte, invadió el norte de Marruecos y lo que es hoy la República Árabe Saharaui Democrática, pero en Marruecos el francés desplazó al español, y aunque los saharauis aún utilizan una transcripción del árabe al español, ésta no ha tenido mucha influencia en las publicaciones y medios actuales.

En la actualidad, la mayoría de las traducciones de textos islámicos al español utilizan la transcripción al inglés, debido a que estas traducciones generalmente no se hacen directamente del árabe, sino de trabajos previos del árabe al inglés, y muchas de estas palabras transcritas ya han sido incluidas en diccionarios del inglés. Sin embargo, siendo que el objetivo de transcribir es acercar el sonido de la palabra original en árabe al idioma español, dicho objetivo se pierde por completo al utilizar una transcripción al inglés: el lector deberá entender a priori que está leyendo un texto en español que incluye palabras en árabe que deben ser leídas en inglés. Esto no solo constituye una falta de respeto hacia el idioma español y hacia el lector hispanoparlante común, sino que hace innecesariamente difíciles los textos que invitan al Islam y que, por ende, van dirigidos a personas que no saben nada del árabe, ni del Islam, y muchas veces, tampoco del inglés.

El mayor problema derivado de ello, es que los hispanoparlantes en su mayoría siguen viendo el Islam como una religión foránea, oriental, exclusiva de los árabes, precisamente porque los textos que están dirigidos a invitarlos a conocer el Islam, están llenos de una terminología que no solo les es ajena, sino que ni siquiera pueden leerla correctamente.

Por ello, es importante utilizar una transcripción correcta al español en lugar de recurrir a las transcripciones al inglés o al francés. El Manual de Español Urgente es un texto fundamental para hacerlo. Con la asesoría de la Real Academia Española y por iniciativa de la agencia noticiosa Efe, en su apartado «Normas de transcripción» establece un método sencillo y claro para que los comunicadores sepan cómo escribir nombres de personas y ciudades, así como otras palabras del árabe, en español, e incluso cómo tomar palabras árabes transcritas al inglés o al francés y escribirlas en una correcta transcripción española. El Manual incluye una lista completa de todos los gobernantes actuales de países árabes, con sus nombres transcritos en español, para que se deje de utilizar la escritura anglosajona de los mismos. El método expuesto en este manual está orientado principalmente a los periodistas, y cumple con las últimas actualizaciones de la gramática (2009) y de la ortografía (2010) publicadas por la RAE. Citando al manual mencionado:

«Estas transcripciones [al inglés y al francés] no sirven en español y, al igual que proceden ingleses y franceses, debemos adoptar los sonidos [de palabras en lenguas con alfabetos distintos al latino] a la grafía y fonética propias, evitando así la confusión y los errores al pronunciar los topónimos provenientes del árabe […]».

Con base en dicho método y aplicando algunas variantes mínimas al mismo, específicas para la terminología islámica, presento a continuación el sistema de transcripción a ser utilizado en la escritura y traducción de textos islámicos al español.

NORMAS PARA TRANSCRIBIR PALABRAS ÁRABES EN ESPAÑOL

En general, cuando nos encontramos con palabras árabes ya transliteradas al inglés o al francés, podemos recurrir a estas normas básicas para hallar su equivalente en transliteración al español:

— Cambiamos ‘th’ por ‘z’.
— Cambiamos ‘j’, ‘dj’ y ‘g’ (ante vocal débil) por ‘y’.
— Cambiamos ‘kh’ por ‘j’.
— Cambiamos ‘gh’ por ‘g’ o por el dígrafo ‘gu’ (ante vocal débil).
— Cambiamos ‘oo’ y ‘ou’ por ‘u’.
— Cambiamos ‘ee’ y ‘y’ por ‘i’.
— Cambiamos ‘dh’ por ‘d’.
— Cambiamos ‘sh’ por el dígrafo ‘ch’.
— Eliminamos las consonantes dobles (por ejemplo ‘dd’ por ‘d’ y ‘ss’ por ‘s’) excepto ‘rr’.
— El apóstrofe lo eliminamos o lo cambiamos por una vocal doble: 'a sería a o aa.
— Eliminamos el uso del guion, por ejemplo en Al Bujari o Al Ándalus.
— La h al final de una palabra la dejamos para señalar la presencia de la letra ha (ه), como en fikh (فقه, en inglés fiqh), pero preferimos eliminarla cuando la letra final es ta marbuta (ة), como en sura (سورة, en inglés surah), a menos que se requiera su utilización para diferenciar la palabra de otra igual o similar dentro del texto.

El siguiente es el cuadro de transcripción del alfabeto árabe al español:

Árabe
Español

Árabe
Español
ا
a

ض
d
ب
b

ط
t
ت
t

ظ
d
ث
z

ع
(*)
ج
y

غ
g / gu
ح
j

ف
f
خ
j

ق
c / qu
د
d

ك
k
ذ
d

ل
l
ر
r

م
m
ز
z

ن
n
س
s

ه
h
ش
ch

و
u
ص
s

ي
i / y

(*) En inglés se suele transcribir la letra ع por apóstrofe (‘), en español la representamos con la vocal correspondiente (a, i, u), como en utla (عطلة) o ibada (عبادة). Véase la indicación acerca del apóstrofe en las normas sobre cómo transcribir al español una palabra árabe ya transcrita al inglés o al francés.


Una vez tenemos la palabra transcrita al español, debemos aplicarle las normas ortográficas de nuestro idioma según la actualización de 2010, que incluye eliminar el uso de la ‘q’ como grafema independiente, por ejemplo cambiando Qatar por Catar e Iraq por Irak. También debe tenerse en cuenta la norma de que, cuando el artículo hace parte de un nombre propio, debe ir en mayúscula, como El Cairo o La Meca. Del mismo modo, escribimos Al Bujari y At Tirmidi poniendo el artículo en mayúscula, pues hace parte del nombre.

A estas normas se agregan algunas excepciones, tendientes a dar mayor exactitud y claridad al texto final en español. Entre ellas:

  • Aunque se ha eliminado el uso del guion, se transcribe el nombre de Dios (الله) utilizando el guion para enfatizar la pronunciación de la ele larga, y para distinguir esta palabra, que es única en el árabe, sin derivadas, y representa la Unidad y Unicidad de Dios: Al-lah. Por extensión, se utiliza esta misma norma en las palabras que incluyen el nombre de Dios, como bismil-lah, aunque en el caso de nombres propios se prefiere la transcripción corriente, como en Abdulá. No debe emplearse la transcripción al inglés, Allah, pues en español el dígrafo ‘ll’ suena como ‘y’.
  • Aunque no se permite el uso de las consonantes dobles, se transcribe el nombre del Profeta (محمّد) con la eme doble para enfatizar su doble pronunciación, y para diferenciar al Profeta de otras personas que tienen su mismo nombre. De ese modo, escribimos Mujámmad para referirnos al Profeta de Dios, y Mujámad para cualquier otra persona con el mismo nombre. Igualmente, escribimos Rabb (ربّ, Señor) con mayúscula y doble b, para enfatizar que nos referimos a Dios.
  • Ya que en español no se utiliza la ‘h’ junto a otra consonante para indicar una variación del sonido de esta última (con la única excepción del dígrafo ‘ch’), se debe mantener la escritura «adán» para el llamado a la oración, en lugar de la transcripción «azán» que se pronuncia «asán» en Latinoamérica, y de la inglesa «adhan». Sin embargo, se puede recurrir al uso de la ‘h’ junto a consonante para diferenciar dos palabras árabes que, al ser transcritas, queden escritas de forma idéntica.
  • Debido a que en español existen palabras terminadas en ‘y’ en las que esta se lee como ‘i’ (por ejemplo, «hoy» y «voy»), transcribimos las palabras árabes que se pronuncian con ye al final dejando la ‘y’ doble si la palabra termina con doble ج, por ejemplo, jayy (حجّ), y representamos este sonido con el dígrafo ‘ch’ si la palabra termina con una sola, por ejemplo, buruch (بروج).
  • El uso de la vocal doble debe evitarse en lo posible, pero también debe aprovecharse para evitar confusiones de palabras. Por ejemplo, debe preferirse la transcripción «imaan» para referirse a la creencia en los seis pilares de la fe islámica (إيمان), marcando la álif (vocal larga) con doble a, y no transcribirla «imán», que es la castellanización del término árabe utilizado para referirse a quien dirige la oración (إمام). Esta última la transcribimos «imam», pero no «imaam» pues no es necesario.

Este método ya está siendo utilizado por agencias de noticias y traductores. Es importante que comencemos a utilizarlo de manera amplia en los textos islámicos.

LA TRADUCCIÓN

La última categoría es la traducción. Debido a que la mayor parte de la península ibérica fue musulmana durante alrededor de 8 siglos, precisamente en la época en que el idioma español estaba en formación, nuestra lengua se vio influenciada por el árabe en su estructura y su gramática, y más de 4.000 palabras castizas provienen del árabe. En textos sencillos sobre Islam, en especial de presentación e invitación a esta bella religión, es posible utilizar términos castizos en lugar de las palabras árabes transliteradas. Por ejemplo, imán (quien dirige la oración), azaque (caridad anual obligatoria), almotacén (inspector de pesos y medidas, y supervisor comercial) y almuecín (persona que hace el llamado a la oración), son palabras incluidas en el diccionario de la RAE. De hecho, este es el método que debería preferirse para dirigirse a personas que desconocen por completo el Islam.

Es responsabilidad del autor o traductor decidir si recurre a la transcripción, la traducción o la transliteración, a la hora de escribir palabras árabes (nombres de personas, ciudades o regiones, términos islámicos, etc.) dentro de un texto en español.

La diferencia entre transliteración, transcripción y traducción puede verse claramente en el mismo ejemplo ya dado: El término «العربية الفصحى» puede transliterarse como «al-'arabiíah al-fushaà», transcribirse como «al arabíatul fusja» y traducirse como «árabe clásico».

De modo que, antes de utilizar términos árabes en un texto, sea original o traducción, hay que decidir, según el público objetivo, si se recurrirá a la transliteración, la transcripción o la traducción, y seguir a lo largo de todo el texto un mismo método de forma consistente.


BIBLIOGRAFÍA

Diccionario de Palabras Españolas de Origen Árabe. arabEspanol.org. 2009. (www.arabespanol.org/andalus/palabras.htm)

El árabe en la traducción al español de las Naciones Unidas: algunas consideraciones y directrices para su tratamiento coherente y homogéneo. Naciones Unidas. (conf-dts1.unog.ch/1%20SPA/Tradutek/Varios/00-Tratamiento_arabe_Anexo_ManualTraductor.htm)

Influencia del Árabe en el Español. Aula Hispánica. (www.aulahispanica.com/node/210)

Manual de Español Urgente. 18° edición corregida. Fundación del Español Urgente. Ediciones Cátedra. Madrid, España. 2008. (www.fundeu.es/manual-espanol-urgente.html)

Necesidad de una transcripción simplificada del árabe para los medios de comunicación hispanohablantes. Alberto Gómez Font. 2002. (digibug.ugr.es/bitstream/10481/2507/1/Transc-G%C3%B3mez.02.pdf)

Principales novedades de la última edición de la Ortografía de la lengua española. Real Academia Española. 2010. (www.rae.es/recursos/ortografia/ortografia-2010)

Sistemas de Transliteración. Javier Bezos. Revista Panacea. 2006. (www.medtrad.org/panacea/IndiceGeneral/n23_revistilo_Bezos.pdf)

Transliteración Árabe-Español. Javier Bezos. 2005. (www.tex-tipografia.com/archive/TransArabe.pdf)

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