viernes, 2 de agosto de 2013

Colombia alcohólica

Algunas personas consideran exagerada o extremista la prohibición total de la producción, comercialización y consumo de alcohol que hace el Islam. Sin embargo, la realidad es que las sociedades actuales sufren graves males por causa del alcohol, entre ellos familias destruidas, vidas perdidas, heridas graves, accidentes de todo tipo, riñas, gastos en servicios de salud y en programas de rehabilitación, etc, y ninguna medida adoptada ha logrado mejorar ese panorama. El siguiente artículo habla de la necesidad de reconocer el problema para poder hallarle solución.



COLOMBIA ALCOHÓLICA

Por: Arturo Argüello




Los seres humanos en general y los colombianos, en particular, somos más estúpidos de lo que nos imaginamos. Se desató otra vez el debate, el mismo que he oído desde quién sabe hace cuánto tiempo, sobre los ebrios al volante. Los argumentos para combatir este problema van y vienen, se repiten, se citan nuevamente y hablan los mismos pocos expertos que tiene el país en el tema. Al final, no pasa nada, no se toma ninguna acción y nunca se afronta el verdadero problema.

Hay que dar un debate real, abierto, y tratar al alcohol como lo que es: una sustancia psicoactiva que altera el estado de conciencia al igual que esas otras que, con nuestra doble moral de godos irreflexivos, señalamos aterrados y criticamos y pedimos que jamás se legalicen mientras brindamos con una copita de vino.


Desde el punto de vista médico, el alcohol no es diferente a la marihuana, la cocaína, los hongos, el ácido, etcétera. Sí es cierto que los efectos varían enormemente de una sustancia a otra, pero al final, el resultado, es que todas alteran la conciencia. La única diferencia entre el alcohol y las otras sustancias que se clasifican de la misma forma, es que este es socialmente aceptado, de venta libre y nos parece muy normal que todos lo consuman.

Colombia no solo es el tercer país de la región que más alcohol consume, sino que en un estudio realizado el año pasado, se encontró que un 40% de adolescentes entre 11 y 18 años aseguró haberlo consumido en el último mes, siendo mayor la tendencia en escolares de último año de colegios privados. Por eso no es extraño ver imágenes de un Audi A4 conducido por un adulto muy joven, pero adulto al fin y al cabo, que mató a dos personas y dejó parapléjico a un tercero, porque los papás le prestaron el carro para que el muy inconsciente saliera a manejar con unos traguitos de más. Por eso tampoco es infrecuente escuchar a un papá decir que es importante enseñarle a su hijo de catorce o quince a tomar. “Si va a tomar, prefiero que lo haga acá, en mi casa, a mi lado”. ¡Insensato! Me gustaría verlo enseñándole también a fumarse un porro o a meterse una línea o a inyectarse heroína, finalmente, los efectos nocivos del alcohol pueden llegar a ser peores, incluso, que los de la marihuana.

Y que no salgan los puristas a acusarme como defensor de las drogas ilícitas, lo que quiero decir es que si se va a dar un debate tenemos que dejar esa moral blandengue, aceptar la realidad y llamar a las cosas por su nombre.

Colombia, así las industrias de licores utilicen toda la publicidad del caso para ocultarlo, padece de un muy grave caso de adicción a una sustancia psicoactiva; el país, la sociedad, se ha vuelto tolerante a ella, la acepta como parte de su día a día, facilita completamente el acceso, su venta y su compra; permite que los productores financien gobernantes, deportistas, fiestas empresariales, tiendas, etcétera. En los pueblos el plan de domingo es consumirla y consumirla, mientras que en las ciudades no se concibe una fiesta, la alegría, una celebración, sin esta sustancia.

Consúmalo con moderación, dice la publicidad. Fume marihuana de manera responsable; si se va a meter un pase, no maneje; entregue las llaves antes de inyectarse. Estúpida moral colombiana. Si van a hablar de alcohol, no pueden hacer a un lado la naturaleza de esta sustancia. Si esta es legal, ¿por qué las demás no?

El alcohol, después de la guerra, es la peor desgracia de este país, simplemente porque es una droga que ha deformado y deteriorado la forma como nos relacionamos y todos la aceptamos y la consumimos y somos esclavos de ella y nos parece perfectamente normal. Lo peor, es que no nos damos cuenta ni nos preguntamos por qué a esta sustancia que altera la conciencia la tratamos de forma diferente si, a fin de cuentas, es igual que las otras contra las que tanto hemos luchado. Basta ya de esa doble moral. Si se va a dar un debate, entonces clasifiquen y refiéranse al alcohol como lo que es, una sustancia psicoactiva como la cocaína, la heroína y la marihuana.



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