sábado, 19 de septiembre de 2009

Leyendo la economía de Rodolfo Llinás

Leyendo la economía de Rodolfo Llinás

Por: Said Abdunur Pedraza.

Que la economía mide algo que no existe, que el valor de las cosas está en el cerebro y no en la realidad, y que el capitalismo ya demostró que no funciona, son algunos de los planteamientos del científico colombiano nominado al premio Príncipe de Asturias y a premio Nobel de Medicina.

Rodolfo Llinás, director del departamento de Fisiología y Neurociencia de la escuela de medicina de la Universidad de Nueva York, es llamado neurocientífico (médico neurofisiólogo), pero a él no le gusta etiquetarse ni inscribirse en un campo particular del conocimiento. Ha dicho que él entra en los campos de la ciencia a los que lo lleven sus estudios, por eso incursiona en la economía como en muchas otras ciencias. Se diría que tiene un método “marxista”, en el sentido de que fue así como Marx estudió la sociedad de su tiempo: incursionando en la historia, la filosofía, la economía, la política, etc. La ciencia parcela el conocimiento pues éste es muy vasto, pero muchas cosas no pueden ser comprendidas si se ven solo desde una de estas parcelas. Por ello, Llinás (como pocos científicos) se mueve entre ellas según sus necesidades investigativas. Él afirma:

"Es incorrecto decir que mi trabajo es síntesis de fisiología con biología, con zoología, entre otras ciencias. Mi interés es explicar cómo son las cosas. El problema es que esos cajones del saber («esto es física, esto es química, etc.») son artificiales, por lo cual yo no los respeto. El mundo es uno." (tomado de Conversaciones con Rodolfo Llinás).

Mi experiencia más recordada en torno al nombre de Llinás fue una noche en que hacía zapping y me encontré con una entrevista que le hizo Caracol cuando presentó su libro "El Cerebro y el Mito del Yo" en Bogotá (libro prologado por Gabriel García Márquez). Al mismo tiempo, en Señal Colombia pasaban una repetición de la entrevista hecha a Ernesto Sábato en el programa Palabra Mayor. Fue muy interesante saltar de un canal a otro mientras los dos, desde perspectivas muy distintas, hablaban del mismo tema y llegaban a la misma conclusión: la mente humana no ha evolucionado un ápice en más de 7.000 años. Seguimos pensando, actuando y razonando de las mismas maneras que los antiguos. Es fácil comprender esto cuando vemos que la forma como razonaba Sócrates en los Diálogos de Platón hace más de 2.000 años es exactamente igual a la que utilizamos hoy día. Los argumentos, la información, el material con que trabaja la razón, cambian, pero los mecanismos del razonamiento siguen inmutables.

Eso significa, entre muchas cosas, que si en otro tiempo existió alguna civilización cuyas normas sociales, leyes y sistema económico y político, le permitieron brindarles a sus miembros equidad en las oportunidades de llevar una vida digna, ese mismo modelo social podría funcionar igualmente el día de hoy. También significa que los modelos que nunca lograron establecer sociedades equitativas y pacíficas, no lo van a hacer ahora. Y que las preguntas y los problemas cotidianos que tenemos en la actualidad en relación a lo que somos, de dónde venimos y para dónde vamos, son las mismas que han existido siempre, y si en algún momento una sociedad pudo brindarle suficientes elementos a sus miembros para que respondieran y/o convivieran sanamente con dichas inquietudes, los elementos de dicha sociedad serían igualmente útiles hoy día, cuando las personas parecen sentirse más perdidas que nunca.

Muchos se apresuran a decir que Llinás ha demostrado la inexistencia de Dios a través de sus estudios, cosa que él mismo jamás ha afirmado, si bien no es un hombre religioso ni cree que Dios tenga ni deba tener nada que ver con la ciencia. Posición válida en un mundo que pretende poner a la ciencia y la religión como enemigos irreconciliables, lo que no se compadece con la historia que muestra que la gran mayoría de los "hombres de ciencia" reconocidos por occidente fueron monoteístas creyentes (verbigracia Kepler y Newton; este último le dedicó más tiempo de su vida a la religión que a la ciencia, como se explica en La unidad ciencia-religión en Isaac Newton), y que la Ilustración nunca se habría dado sin el desarrollo científico e intelectual que promovió el Islam durante el Medioevo, particularmente en Bagdad y Córdoba, pero también en El Cairo, Toledo, Samarkanda, Damasco y otras ciudades (véase Sobre la Relación entre Religión y Ciencia). Digo promovió el Islam, porque está en el fundamento mismo del Islam la búsqueda de la ciencia y el conocimiento, pues a diferencia de las religiones que exigen la creencia a ojo cerrado o "fe ciega", para el Islam la fe surge del conocimiento. Es curioso que, siendo Llinás el estandarte de muchas personas que quisieran abolir la palabra “dios” del diccionario, de su boca salga esta afirmación:

“¿Dónde está el dinero que se gastó en todas las cosas que han pasado en los últimos diez años? Resulta que estaba en manos de poca gente, que en este momento es sumamente rica. Esa gente tiene, no billones sino trillones de dólares. Entonces, si estos individuos son además los individuos que rigen al mundo, es un problema gravísimo porque no se puede ni hablar, es una situación como quien no cree en Dios, es gravísimo.” (tomado de El negocio de la vida es la vida, no el negocio).

La verdad es que, en palabras del mismo Llinás, apenas estamos empezando a comprender cómo funciona el cerebro (véase Empezamos a comprender cómo funciona el cerebro). Es un momento muy interesante, por supuesto, pero no significa que sepamos a dónde se va a llegar. La teoría del geosinclinal, por ejemplo, apareció como el inicio de la comprensión de cómo se forman las montañas y los terremotos. Pero nadie podía predecir que dicha teoría viviría 100 años, después de los cuales daría paso a la tectónica de placas. Cuánto tiempo estaremos en esta fase de empezar a comprender cómo funciona el cerebro, y a dónde nos llevará, está en el campo de la especulación.

¿Podremos algún día fabricar una mente artificial? ¿Habrá robots que sientan? No se sabe. Einstein vivió un momento fascinante en el que comenzaba a comprenderse el universo y sus leyes a un punto tal, que creyó firmemente que un día se obtendría una teoría de todas las cosas, cuyas complejas fórmulas matemáticas permitirían predecir cualquier evento en cualquier espacio-tiempo. En otras palabras, Einstein buscaba las fórmulas matemáticas con que Dios había determinado cada cosa en el universo. Pero esto resultó ser una quimera: es la cuántica, con su principio de incertidumbre, y no la relatividad, la que se ha acercado al desarrollo de una "teoría de todas las cosas", que por ser cuántica, no podrá hacer las predicciones con que Einstein soñaba. Y en todo caso, dicha teoría aún está lejos de consolidarse. A Einstein le pasó lo mismo que a Kepler, ambos quisieron encasillar a Dios en sus propias ideas de cómo debe ser y cómo debió crear el universo. La diferencia es que Einstein insistió en ello hasta el final de sus días (“Dios no juega a los dados,” fue su famosa frase en contra del principio de incertidumbre), mientras que Kepler por fin doblegó su orgullo, se rindió a la evidencia y promulgó sus tres leyes.

En definitiva, por muy genio que sea un científico, puede errar, y la ciencia es precisamente un complejo sistema de razonamientos, pruebas, errores, correcciones, descubrimientos e invenciones que a veces pareciera dirigirse exactamente a un punto y, de repente, gira en espiral ante un hallazgo insospechado o un razonamiento al parecer descabellado. Mientras, los problemas básicos de los seres humanos siguen siendo los mismos (y por tanto, las soluciones también).

Neodarwinista, Llinás asegura que el hombre no viene del mono, sino que es mono. Para muchos, este es un dogma sagrado que pone bajo tierra ya y para siempre la historia de Adán y Eva. Pero en términos genéticos, todos los seres humanos actuales provenimos de un “Adán” y una “Eva” (véase el sitio Web del proyecto Genographic, que desarrolla National Geographic con el apoyo de IBM). Si pensamos en la historia de Adán y Eva como la forma de explicarle a un niño de 6 años esta realidad genética, entonces la historia de Adán y Eva está más vigente que nunca. Por el contrario, la teoría de Darwin está comenzando a encontrar oposición en un grupo creciente de científicos que han reunido evidencias suficientes para pensar que la evolución no solo no ocurre en la naturaleza, sino que es una idea que ha mantenido a la ciencia estancada durante más de un siglo. (Véase el video Desmontando a Darwin.)

Por supuesto, al respecto hay mucha tela de dónde cortar. Sólo quiero plantear el hecho de que ni la ciencia puede responder todos los interrogantes del ser humano, ni la religión necesariamente choca con la ciencia, ni la existencia de Dios es algo que haya podido ser demostrado o rebatido por los científicos.

Pero hagamos un ejercicio intelectual: Digamos que Dios no existe (que Dios me perdone) y, por tanto, las religiones no tienen sentido. Igual, quedamos con el mismo problema de cómo hacer para que todos los seres humanos en el planeta podamos vivir con dignidad, de maneras pacíficas. Si ni el capitalismo ni el comunismo tienen la capacidad de darle oportunidades de vida digna a más de la tercera parte de la población mundial que hoy día vive en extrema pobreza (al respecto véase Incompatibilidades Fundamentales entre Nacionalismo y Pacifismo), y llevamos décadas con el cuento de una “tercera vía” que no ha pasado de ser demagogia de quienes buscan votos con promesas vanas de cambio, pues en últimas, todos los sistemas que se proponen hoy como opción tienen el mismo origen y comparten el mismo sustrato ideológico (al respecto véase La religión de los derechos humanos), entonces ¿nos toca sentarnos a inventar la rueda, a ver si damos con el chiste de cómo vivir todos en paz y sin que tres cuartas partes de la humanidad mueran de física hambre para que el resto se dedique al vicio y al trabajo extorsivo?

Abajo de estas líneas, anexo una interesante entrevista realizada a Rodolfo Llinás donde habla de su visión de la economía desde las neurociencias. Una visión que, en términos del entrevistador, “pone patas arriba al capitalismo.” Lo que me resulta particularmente interesante de las ideas que aquí expone Llinás, es su absoluta compatibilidad con el Islam, aunque él le pone un nombre tan nebuloso como contradictorio: “capitalismo al servicio de la gente y no de unos pocos.”

Retomemos: La mente humana no ha cambiado, por tanto es factible que las mismas normas de base que hayan sido aplicadas con éxito a una civilización antigua, sean efectivas al aplicarlas a nuestro tiempo sólo con adecuaciones en los detalles, pero manteniendo los mismos principios y valores. “Dios no existe,” pero esto no nos soluciona el cómo vamos a convivir en armonía los seres humanos, más bien complica las cosas, porque nos deja sin religiones como posibles respuestas. La necesidad sigue allí: la gente sigue matándose y sigue muriendo de hambre, y el planeta sigue contaminándose y sus recursos siguen agotándose. No tenemos tiempo de inventar lo que el hombre no ha sido capaz de inventar en 7.000 años, y en palabras del mismo Llinás, “la sociedad capitalista ha demostrado que no es la solución” (tomado de El sistema capitalista puede explotar). ¿Inventar algo totalmente nuevo de la nada? Absurdo. Ya que la mente no ha cambiado, y que no tiene sentido desechar los logros del pasado para ver qué se nos ocurre ahora, lo mejor es tomar lo que ya ha demostrado ser exitoso en la historia, una sociedad que realmente haya sido modelo de pacifismo, armonía y equidad (no una utopía, sino algo real, comprobado), y comenzar el proceso de adoptarla, de retomarla para poder desarrollarnos en ella. Se trata de tener una base cierta, en lugar de seguir tratando de mejorar un sistema probadamente dañino para el hombre y el planeta.

Llinás nos dice entre otras cosas, que no debería existir gran acumulación de capital en una sola persona, eso no se debe permitir. Nos dice que por ello, es necesario controlar y limitar la acumulación de riqueza. Nos dice también que se debe cambiar el sistema educativo, para que entendamos que no es posible aumentar de manera ilimitada el capital, y para que entendamos que el valor de las cosas no está en las cosas sino en nuestro cerebro, y que precisamente por ello, siempre habrá crisis económicas en este sistema. Dice:

“Hay que tratar de entender cómo se puede enseñar a la gente aquello de la realidad del valor, y eso es una cuestión que simplemente se olvidó hace muchos años porque la gente está en cuestiones casi de computación, en cuánta plata tengo en el banco, y se puede decir que, si tiene mucha es feliz y si no infeliz, sin darse cuenta de que el negocio de la vida es la vida, no el negocio.” (Tomado de El negocio de la vida es la vida, no el negocio).

Pero sobre todo, cambiar el sistema educativo para que entendamos que no podemos ser individualistas, que debemos trabajar por el bien colectivo. Además, según Llinás, “lo mejor es diseñar un sistema en el que se le pueda enseñar a la gente lo que quiera saber y en el que se tenga clara la diferencia que existe entre el saber y el entender,” lo que es algo que recalca siempre el Islam: la búsqueda del conocimiento es obligatoria, pues dijo el profeta Mujámmad (Paz y Bendiciones de Dios sean con él):

“El conocimiento es mejor que las posesiones, porque el conocimiento te guarda a ti mientras tú guardas las posesiones. El conocimiento gobierna mientras que las posesiones son gobernadas. Las posesiones disminuyen al gastar, mientras que el conocimiento se incrementa con ello.” (Recopilado por al Bujari).

Pero el conocimiento no es mera acumulación de información. Cuando se sabe y se entiende, se tiene verdadero conocimiento, se adquiere sabiduría. Y para alcanzar sabiduría, se necesita que la búsqueda del conocimiento tenga un norte, que no sea un aprender por aprender. Se necesita una guía, unos valores, unos principios. Dice Llinás que la gente debe aprender lo que quiere saber, para eso se requiere que la gente primero sepa qué es lo que quiere, y eso tiene un trasfondo social profundo en la formación que recibimos desde la cuna. Implica crecer sanos en lo físico, espiritual, afectivo, psicológico... Implica una formación integral que tiene que ver con familias estables, con un entorno social y familiar sano, con acceso a educación de calidad, y con muchas cosas de la vida en comunidad que no pueden darse por iniciativas individuales sino por una estructura social coherente y bien diseñada. Se necesita una sociedad en la que no se recurra a masificar sofismas y manipulaciones con objetivos políticos o comerciales, y donde sus miembros sean personas críticas, de gran intelecto y de carácter fuerte, que no sean fácilmente engañadas y utilizadas. El Islam es un sistema social que compagina y garantiza todos estos elementos, para que todos los miembros de la sociedad tengan la posibilidad real de formarse integralmente y participen activamente de los procesos y de las decisiones que afectan a la comunidad.

Llinás también nos habla de cómo nos engañan y manipulan para que consumamos, y nos dice que se debería controlar la forma como se promocionan los productos y las porquerías que nos muestran en la televisión. ¿Control? ¿Censura acaso? Sí, es necesario. Esa falsa “libertad de expresión,” gracias a la cual, si estás a favor de una vida disoluta puedes gritar a los cuatro vientos tus opiniones, publicar fotos de tus orgías, y escribir grandes odas al alcohol y el desenfreno sexual, pero si estás en desacuerdo con el gobierno te desaparecen, te torturan, te califican de terrorista, es una de las grandes aberraciones de nuestra sociedad (véase La verdad sobre la guerra contra el terrorismo). Por un lado, le decimos a las nuevas generaciones que el fin de su vida es el placer, y no el placer de las cosas sencillas o de una vida plena, sino el placer de la autodestrucción y de la decadencia social. William Fernández, profesor de Neurología y Movimientos Anormales de la Universidad Nacional de Colombia, nos dice al respecto que “Llinás destaca nuestra desaforada búsqueda del placer, que nos puede llevar a ser superficiales y manipulables.” (Tomado de Acta Neurológica Colombiana vol. 20, #3). También nos recuerda Llinás que el cerebro se deteriora con el tiempo (“nunca se es tan inteligente como se fue de joven”), pero nos aclara que:

“Es posible atenuar ese proceso manteniendo un cuerpo sano, bien nutrido y evitando excesos y sustancias como el alcohol y las drogas. También es necesario mantener activo el cerebro: hay que pensar el mundo, leer, meditar. Lo que no se usa se deteriora.” (Tomado de El cerebro, su función y cómo se forman los pensamientos).

Por otro lado, mantenemos a los jóvenes (y a toda la sociedad) bajo un régimen del terror: puedes ser lo que quieras, menos comunista, socialista, rojo, de izquierda, opositor al gobierno, antigringo, anticapitalista, musulmán, árabe, virgen después de los 15, abstemio o defensor de la familia compuesta por padre, madre e hijos como única base posible de una sociedad sana y armónica. Si eres alguna de las anteriores, te va a caer el mundo encima. Por lo demás, no importa lo que hagas con tu vida o si decides quitártela, los suicidas también están de moda (góticos y emos), los asesinos seriales son personajes protagonistas de películas y series televisivas, los homosexuales son una escasa minoría en la sociedad, pero tienen más visibilidad que cualquier otro sector de la misma. En fin, puedes ser lo que se te ocurra (si es que se te ocurre algo distinto a lo que la publicidad te inserta minuto a minuto en el cerebro; más al respecto en De Engaños y Mentiras) mientras eso signifique que formas parte de un nicho de mercado. Si no consumes, o si atentas contra el statu quo, puede que haya una bala marcada con tu nombre, o quizás algo peor (Guantánamo es apenas la punta de un iceberg mundial, y la “limpieza social” es una realidad diaria en nuestras ciudades). A los que creen que hay que dar “libertad absoluta” para que cada quien haga lo que quiera, pues solo así la gente puede ser feliz, podemos oponer sencillamente las noticias diarias, incluidas las de farándula. ¿Acaso la sociedad gringa (el sueño americano) hace a la gente feliz? ¿Por qué entonces los niños se están disparando en las escuelas, y Estados Unidos es el país con mayor número de adictos a drogas duras, con mayor cantidad de casos de SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual, y con los mayores índices de prostitución y de violencia intrafamiliar y callejera en sus ciudades importantes? (al respecto véase La nueva derecha frente al Islam). Llinás afirma: “El placer debe tasarse y no inhalarse demasiado profundamente. Idealmente el placer no es un fin en sí mismo, sino el medio para un fin” (tomado de El Cerebro y el Mito del Yo), e insiste en que debe haber control en la sociedad y en particular, en la economía:

“Hay una hipótesis que estaba mal y es que [al capitalismo] no hay que controlarlo. El capitalismo no controlado es la muerte del capitalismo. Tiene que [haber] una regulación real, tiene que ser regulación pura.”

También nos dice que el inmediatismo no deja pensar con claridad y hace que cometamos estupideces, que es el amor al poder que brinda el dinero y no al dinero en sí mismo, lo que hace que la gente quiera acumular más y más. Por último, nos dice que aunque las personas no actúen de acuerdo a patrones fijos, no significa que no se puedan cambiar.

Ahora bien, lo que quiero plantear es lo siguiente: unamos estos últimos párrafos, en el contexto de lo que he venido diciendo, y comparémoslo con mi propuesta sobre el Islam como modelo de sociedad, olvidando por ahora su aspecto religioso y centrándonos en el sistema socio-político-económico-legislativo-jurídico-moral que plantean el Corán y el ejemplo del profeta Mujámmad.
  1. No debe haber acumulación exagerada de riqueza en una sola persona. No significa que todos debamos tener lo mismo, o que no deba existir la propiedad privada, sino que debe haber una mejor distribución de la riqueza. ¿Cómo se logra eso? En el Islam, las personas pudientes deben entregar el azaque, que es un 2.5% anual de sus ganancias libres (es decir, después de pagar todas sus deudas y responsabilidades) a los pobres o a causas sociales. Piensa en cómo sería tu país si solo sus 10 ciudadanos más ricos invirtieran de forma real y efectiva el 2.5% anual de sus ganancias en mejorar las condiciones de vida de los menos favorecidos durante apenas 10 años. La distribución de la riqueza es una preocupación creciente pero reciente en la sociedad capitalista occidental. El Islam la ha tenido en cuenta desde hace más de 14 siglos. Pero no solo eso. Es parte fundamental del modo de vida islámico no vivir en pos del dinero. Está bien ser buen negociante, está bien tener dinero, pero no vivir por ello. Es más importante esforzarse en cumplir las leyes, en tener una buena vida en sociedad, en ayudar al desarrollo de todos los miembros de la comunidad, que dedicarse de lleno solo a acumular riquezas. Ser adicto al trabajo (ser adicto a lo que sea, en general) no es admisible en el Islam, y los psicólogos saben que no es sano para el individuo, para su familia, ni para la sociedad.

  2. Debe controlarse la acumulación de riqueza. Es un mandato en el Islam no solo pagar el azaque, sino dar sádaca, es decir, cada persona debe esforzarse en ayudar al prójimo dentro de sus posibilidades: desde ayudar a alguien con su carga o brindarle consejo, hasta invertir en grandes proyectos sociales. Esto no se hace porque una autoridad policíaca obligue, sino por conciencia social, que se logra gracias al sistema educativo islámico.

  3. Cambio en el sistema educativo (al respecto recomiendo la lectura del artículo Universidad y Políticas Culturales). El sistema educativo islámico se inicia en el hogar: la mujer, que ha sido preparada física, intelectual, moral y espiritualmente, que ha tenido un desarrollo integral como persona, es idónea para criar a los hijos, dándoles buen ejemplo y enseñándoles todo lo que ella sabe. Para poder cumplir con semejante labor, requiere el apoyo del hombre, que se encarga de darle todo lo que ella necesita en todos los aspectos: económico, afectivo, intelectual, etc. La mujer también requiere del apoyo de la sociedad para cumplir con su labor de garantizar que la próxima generación de seres humanos sea emocionalmente sana, socialmente activa, con valores fuertes que le permitan construir una sociedad equitativa. El apoyo de la sociedad se da en múltiples frentes: la mujer debe tener oportunidades de crecer intelectualmente y para ello debe contar con una buena educación. La mujer no debe ser sometida a ninguna forma de explotación comercial ni debe ser reducida a objeto. El respeto por los derechos de la mujer se verifica a todo nivel en la sociedad. Esto está garantizado por una parte, en el Corán y la Sunna, y por otra, en la completa dedicación de los musulmanes a cumplir con dichas leyes. (véanse los artículos La mujer en la cultura árabo-musulmana y Derechos y deberes de la mujer en el Islam). En una sociedad donde no exista un esfuerzo continuado, permanente y universal porque todos sus miembros gocen de una buena formación y reciban educación de calidad, jamás habrá armonía, convivencia pacífica y vida digna para todos (al respecto véase Con Ignorancia no hay Paz y ¿Los Hombres son Superiores a las Mujeres?)

  4. “El valor de las cosas no está en las cosas sino en nuestro cerebro.” En efecto, es importante mantener una mentalidad sana. El alejarse de los vicios, tener una disciplina, llevar una vida equilibrada y no tener excesos, se ve reflejado en todos los aspectos de nuestra vida y nuestra sociedad, pues en nuestra mente está cómo vemos el mundo, cómo interactuamos con él, cómo nos comunicamos con los demás. Si no cuidamos nuestra mente, no vamos a tener buenas herramientas para ser parte de un mundo armónico. Además, el cerebro se deteriora, y hay que cuidarlo con una buena alimentación y con la abstinencia del alcohol, el tabaco y las drogas (al respecto véase El mal del tabaquismo y ¿Es peligrosa la carne de cerdo?). La vida islámica es una vida sana, sin vicios, donde la mente se ejercita a través del estudio continuo, y a través de la disciplina en todos los aspectos de la vida (véase El Alcohol en el Islam). Por otro lado, si le damos valor a lo material, si creemos que en acumular cosas está la felicidad, tendremos una sociedad... bueno, tenemos esta sociedad tal y como está (al respecto véase Armados contra los pobres). Si en cambio, le damos valor a la vida en comunidad, la solidaridad, la amistad, el respeto por las normas sociales que nos permiten vivir en armonía, entonces el mundo será un mejor lugar para todos. El Islam permanentemente enseña que debemos vivir en armonía, que la hospitalidad y la solidaridad son dos valores que deben cultivarse con esmero, que no debe uno irse a la cama con la barriga llena si sabe que su vecino tiene hambre, que uno debe desear para el prójimo lo que desea para sí mismo, que no hay razones para envidiar a nadie, y que es necesario mantener siempre los lazos familiares, respetar a los padres y tener buenas relaciones con los vecinos, sean estos musulmanes o no. En el Islam, las riquezas son secundarias; el ser humano, la comunidad y el conocimiento tienen prioridad sobre ellas.

  5. Se debería controlar la forma como se promocionan los productos: dice Llinás que nos engañan al mostrarnos mujeres semidesnudas para que compremos cosas, y que esa manipulación es grave. Mientras permitimos que Shakira sea el modelo a seguir para las adolescentes, que Paris Hilton aleccione a la gente a través de sus programas de televisión, impartiendo su “filosofía de vida”, y que las mujeres se desnuden para vender hasta una tuerca, las nuevas generaciones tendrán la mentalidad de que todo se logra con el cuerpo, que en el derroche y la rumba está la felicidad, y que hay que hacer lo que sea para alcanzar el éxito, porque solo así podrán tener un lugar en el mundo. Necesitamos una sociedad que se preocupe más por el bien de cada uno de sus individuos y de toda la comunidad, y menos por el beneficio económico de unos pocos que nunca vemos, pero que son los que realmente reciben la mayor parte de las ganancias de todo lo que se vende (incluyendo a Shakira, que en últimas no es más que mercancía, no importa cuánto dinero tenga, pues hay alguien detrás de ella ganando mucho, mucho más, y seguirá ganando cuando ella ya no venda, pues estará vendiendo a otra, y a otra...). En el Islam la dignidad humana es primordial, el cuerpo humano merece respeto y no debe ser utilizado en forma alguna para promocionar o vender, ni puede ser usado como mercancía en sí. El trabajo debe ser remunerado con justicia y nadie debe vivir de explotar a otros. Toda forma de prostitución, de ostentación y de egolatría es contraria al Islam, que promueve una vida menos individualista y más consciente del bienestar colectivo. El control del que habla Llinás existe en el Islam principalmente como autocontrol: en la educación islámica, en los principios y valores que nos transmite el Corán, en la conciencia social del musulmán, y en su absoluta dedicación y entrega al cumplimiento de la ley coránica, están los controles que impiden que se manipule y se engañe a las personas con fines mercantilistas o para obtener cualquier beneficio personal. Los hipócritas y los mentirosos están considerados entre los peores criminales para el Islam. Imaginemos entonces qué pasaría con nuestros políticos y con nuestros medios de comunicación en una sociedad islámica. (y con nuestros medios de comunicación, al respecto véase De Engaños y Mentiras).

  6. El inmediatismo nos hace cometer estupideces. Por eso debemos razonar antes de hablar y de actuar, debemos alimentar nuestro intelecto a lo largo de toda nuestra vida, para tener herramientas de razonamiento en las diferentes situaciones que se nos presentan. Debemos reflexionar con base en unos principios sólidos, antes de hacer las cosas a la ligera. En el Islam, no solo la búsqueda permanente del conocimiento es una obligación, y el razonamiento es parte fundamental de la forma de vida islámica, sino que además, el Corán y la Sunna (el registro de lo que dijo e hizo el profeta Mujámmad) proveen una guía que sirve de base para tener siempre un norte claro en cada cosa que se hace. Hay unos principios, unos valores, una moral y unas reglas fundamentales que se siguen incluso en las situaciones más exóticas e inesperadas; eso y la preparación intelectual, unidas a la disciplina del musulmán, ayudan a tomar mejores decisiones en momentos de crisis.

  7. Para Llinás, no es el amor al dinero lo que hace que la gente busque acumular desenfrenadamente, sino el amor a ese poder ilusorio que da el dinero. Se cree que la cantidad de dinero y bienes determina el éxito y la felicidad. La gente admira a los grandes artistas que llevan joyas costosas, autos lujosos, y consumen ingentes cantidades de finos y mortales sicotrópicos. Es el deslumbramiento de los medios: los cantantes y deportistas famosos siempre se ven bien, alegres, felices, pero ¿llevan vidas plenas? Los aficionados a las noticias de farándula y a los pasquines donde publican los paparazzi saben que no hay tanta perfección ni tanto goce en la vida de los famosos, más bien hay mucho conflicto, desorientación, depresión, líos afectivos y legales, etc. El Islam enseña que todo poder es mera ilusión, y ello está de acuerdo con las teorías de Llinás: el dinero da poder porque permite tener cosas a las que socialmente se les da valor. Pero las cosas, según nos recuerda Llinás, no tienen valor por sí mismas (por ello la economía es una ciencia más que inexacta, nebulosa: mide algo que no existe), el valor es algo que nosotros les damos. El valor no está en las cosas, está en el cerebro, nuestro cerebro. Por tanto, el valor es una ilusión, y el poder que se supone brinda ese valor es doblemente ilusorio. Si de un día a otro todos nos pusiéramos de acuerdo en que el oro no vale nada y que lo que es valioso es el aire, pero por ser valioso nadie puede apropiárselo ni comerciar con él, sencillamente el sistema económico como lo conocemos dejaría de existir, el dinero sería mero papel impreso, y las joyas de oro serían meros adornos brillantes sin ningún valor comercial, como lo eran para los pueblos indígenas americanos antes de la llegada de los españoles. Precisamente por ello, nos dice Llinás que la actual crisis económica es irreal. “Se trata de una crisis hecha por el hombre y no es una crisis real. Una crisis real es un terremoto y la muerte de tantas personas. Una crisis económica es totalmente organizada y generada por los humanos, pero no es racional, ahí es donde está el asunto serio. […] Yo siempre lo he dicho y todo el mundo lo sabe: jugar a la bolsa es un tahurismo, es como jugar a la ruleta, y peor. La ruleta es mucho mejor porque se ve el dinero que mueve, pero allí no se mueve nada. Se mueven valores que son teóricos, es decir una acción vale más o menos pero, cuando se cae, el dinero desaparece.” (Tomado de El negocio de la vida es la vida, no el negocio). El Islam prohíbe los juegos de azar, que son una forma de estafa (la película Casino, de Martin Scorsese, es muy diciente al respecto), y enseña que es en la vida en comunidad, en el ayudarnos mutuamente, y en las cosas sencillas que compartimos a diario, donde está lo que realmente necesitamos para sentirnos bien. También enseña que no se debe meter uno en la vida de los demás y escudriñar su intimidad, y que el chisme es uno de los peores males de la sociedad. Esto es importante si tenemos en cuenta que muchas veces se crea pánico a través de falsos mensajes de correo en Internet, que inician como chismes y se convierten en vox populi, ya sea para dañar a una persona o empresa, o para favorecer a alguien económicamente haciendo que la gente compre su producto aunque sea innecesario e incluso riesgoso (véase el video Operación Pandemia y el artículo El falso caso del matrimonio de 450 niñas en Gaza).

  8. El problema de la destrucción ambiental está en que nuestra sociedad pone el desarrollo tecnológico y el consumismo masivo muy por encima del respeto por el medio ambiente. El Islam enseña que la sociedad debe desarrollarse de forma integral, para bien de la comunidad, y que la destrucción del medio ambiente jamás será beneficiosa para la comunidad. El Islam prohíbe todo tipo de maltrato, sea contra animales o contra seres humanos, pero además da pautas para que todos en la sociedad puedan vivir bien, es decir, en armonía con la comunidad, con el medio ambiente, y consigo mismos. (Véase El Islam y la Administración de los Recursos Hídricos).
Con lo anterior, concluyo que: El Islam es una forma de vida integral que permitió que un grupúsculo de tribus sin mayor cultura, sin artes ni ciencias, se convirtiera en la mayor civilización de su tiempo y durante mil años, y en una de las civilizaciones más avanzadas de toda la historia, y esa transformación tan radical se dio en apenas 80 años. Semejante logro no tiene par. Los europeos que tuvieron la oportunidad de conocer a Córdoba en el medioevo, creían haber sido transportados a otro mundo: mientras París y Londres eran básicamente, morideros donde la gente vivía en medio de la podredumbre, Córdoba estaba llena de luz, espacios abiertos, fuentes públicas... Mientras en Europa había poquísimos libros escondidos en los monasterios, las ciudades del Islam contaban con calles completas de librerías llenas de las grandes obras de los griegos, persas e indios (obras que habían sido declaradas heréticas por la Iglesia y quemadas en toda Europa), así como los grandes avances literarios, científicos y artísticos de los musulmanes. Los cristianos, judíos, incluso los gitanos, que eran perseguidos, torturados, expropiados y asesinados en Europa, vivían en paz y mantenían su religión y sus costumbres en tierras del Islam. Las mujeres judías, sometidas por leyes completamente misóginas, acudían a los tribunales islámicos, pues el Corán es el primer documento escrito en la historia en el que se dan amplios derechos a la mujer. (al respecto véase La liberación de la mujer a través del Islam). El nivel de vida era muy superior en la España islámica que en el resto de Europa, gracias al modelo económico islámico, y había mejor repartición de la riqueza también: mientras Europa vivía sumida en el feudalismo que esclavizaba a los campesinos, los campesinos de Al Ándalus (la España musulmana) eran dueños de sus tierras y la producción local era suficiente para exportar, de modo que no habían señores feudales ni grandes terratenientes. Y como ya dije, la mente humana no ha cambiado en siete mil años, las normas sociales, morales, económicas y políticas que permitieron que esta civilización fuera exitosa hace 14 siglos y que mantuviera tal éxito a lo largo de un milenio, perfectamente pueden hacer que construyamos con base en ellas, una sociedad mucho mejor que la que tenemos.

Estoy de acuerdo con Llinás en que se requieren normas, controles, regulación, para que la economía funcione mejor para todos y no solo para unos cuantos. Que no debemos pensar solo en individual (como nos enseñaron en la escuela al meternos el ideario liberal burgués que triunfó en la Revolución Francesa, y que es el sustento del sistema capitalista tanto como del socialista) sino en colectivo, cosa que no es para nada imposible: la mayoría de las culturas indígenas americanas dieron más valor a la comunidad que al individuo. Y también estoy de acuerdo en que las personas pueden cambiar, y que por lo tanto, con esfuerzo y dedicación, sí podemos hacer de este mundo un lugar mejor para todos.

Ahora bien, ¿por qué recurrir al Islam como modelo de sociedad y no, por ejemplo, a alguna sociedad indígena americana, o a alguna antigua cultura europea como la celta? Por tres razones:
  • Las antiguas culturas europeas fueron destruidas por el Imperio Romano y las antiguas culturas indígenas americanas fueron destruidas por el Imperio Español. Los pocos pueblos que han logrado sobrevivir hasta ahora y mantener parte de su cultura, se han visto contaminados por la cultura occidental a lo largo de más de 5 siglos en América, y de milenios en Europa. Ninguna de esas culturas tiene registros históricos de sus sistemas económicos, sociales y políticos, y muchas tienen o han tenido tradiciones bárbaras (principalmente sacrificios humanos) como parte del desarrollo de su religión y de su política.

  • La gran mayoría de esas culturas jamás se constituyó en civilización, sus modelos sociales no serían capaces de enfrentar los retos de manejar una sociedad de millones o cientos de millones de miembros.

  • Ninguna de esas culturas mostró históricamente una capacidad de convivencia pacífica de múltiples etnias, nacionalidades, culturas y religiones al nivel que se dio en el mundo islámico durante el medioevo, ninguna construyó ciudades con grandes infraestructuras en las que las comodidades no eran privilegio sólo de una casta o clase social, y ninguna creció tanto y se desarrolló tan rápido como la civilización islámica.

Teniendo en cuenta que estamos destruyendo el planeta, el tiempo está en nuestra contra, no tenemos siglos para construir una nueva civilización, y sólo el Islam ha sido capaz de transformar unos pocos pueblos bárbaros en una gran civilización en menos de un siglo.

Entonces, si es tan fácil, y está históricamente demostrado, ¿por qué no se hace? ¿Dónde está el truco para que eso funcione?

Primero que todo, debo decir que la exposición del tema en este artículo es demasiado somera y superficial. Para explicar cada aspecto de la sociedad islámica, cómo funciona, y cómo encaja perfectamente en los demás aspectos de la misma, se pueden escribir decenas de libros (de hecho, ya se han escrito). Es un sistema completo, y su implementación requeriría renunciar al sistema que tenemos hoy día: el capitalismo. Una norma islámica básica es que está prohibida la usura: no se puede, bajo ninguna circunstancia, cobrar o pagar intereses. Solo aplicar esa simple norma significa el fin del sistema financiero actual. Eso no les gustaría a esos pocos que a través de los bancos acumulan casi toda la riqueza del planeta. (véanse los artículos Los intereses y su papel en la economía y la vida y Economía con Humor).

Es decir, hay muchos intereses económicos y políticos de por medio, dispuestos a hacer lo que sea para evitar que el Islam tenga el más mínimo chance de ser implementado nuevamente, así sea en una lejana provincia (¿alguien ha hablado de lucha antiterrorista? ¿De propaganda anti islámica?) Al respecto, véase la nota Islam y Terrorismo). Igualmente, el Islam abarca muchos otros temas, que lo hacen un sistema completo, no se requiere del capitalismo, el socialismo, el feudalismo, ni ningún otro sistema para que sobre él se implemente el Islam, éste es autónomo, completo e independiente, una opción distinta e históricamente probada. Véase, por ejemplo, el artículo El Islam y el Derecho Internacional. Por ello, debe quedarnos claro que hoy día no existe un solo país que funciones de modo islámico, ningún país se rige actualmente de forma total por la ley islámica, y todos son estados-nación, un concepto liberal-burgués que no existe en el Islam. Esto se debe, en parte, a que los imperios occidentales durante todo el siglo XIX, y los Estados Unidos en el siglo XX, han intervenido permanentemente en los países de población musulmana en lo cultural, económico, militar, político y social, colonizando y sometiendo a los pueblos islámicos, y luego estableciendo alianzas con gobernantes corruptos, promoviendo y financiando guerras, estableciendo gobiernos títeres a su servicio, etc. Para colmo, el único país que reclama ser enemigo de occidente y “defensor del Islam” a ultranza, no es islámico sino chiita, es decir, defiende unas creencias, una forma de vida y unos valores distintos a lo que llamamos históricamente Islam (al respecto, véase Irán no es Islam y Lo que No es el Islam). Todos los países de población mayoritariamente musulmana hoy día, han acogido el sistema capitalista en mayor o menor medida. Por tanto, no nos sirven como ejemplo de lo que sería una sociedad islámica en el mundo de hoy. Tenemos que retomar el Islam en toda su dimensión para poder construir de nuevo una civilización amigable con lo humano. Tenemos que retomar la sociedad islámica tal y como fue establecida en el Corán y como fue vivida y enseñada por el Profeta Mujámmad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él), por sus compañeros, y por las tres primeras generaciones de musulmanes, lo que incluye por supuesto el ejemplo y la sabiduría que nos legaron los cuatro califas rectos (Abu Bakr, Umar, Uzmán y Ali) y los fundadores de las cuatro escuelas de jurisprudencia islámica (Abu Hanifa, Málik, Shafí e Ibn Hanbal).

Pero también debo decir que sí hay un “truco”: He expuesto el Islam como sistema socio-económico-político perfectamente compatible con las ideas de “neuroeconomía” de Rodolfo Llinás. Pero hay un punto de quiebre: ¿Cómo garantizar que los miembros de la sociedad islámica realmente cumplan con las leyes escritas en el Corán y la Sunna para que el sistema sea puesto en práctica y funcione como está planteado? Ya vimos que no es una utopía, en el pasado el Islam ha mostrado su efectividad para construir una civilización equitativa, avanzada, humana. Ya ha sido una realidad durante alrededor de un milenio. Pero no hubo nunca una fuerza policial altamente entrenada que obligara a los musulmanes a cumplir con la ley, a darle buena vida no solo a los demás musulmanes sino a las personas de otras religiones, creencias e ideologías, que llevaron una vida digna en tierras islámicas. No. Fue la creencia en Dios. La absoluta certeza de que el Corán fue revelado por Dios, que no es un invento de ningún hombre, y que por ello, cumplir con la ley de Dios no solo es bueno para cada individuo y para toda la comunidad, pues se trata de un modelo social dado a los seres humanos por su propio Creador para que vivan bien, sino que además, es el compromiso que asume todo musulmán de buscar agradar a Dios en cada acto de su vida (al respecto, véase ¿Quién es Al-Lah?)

En Ramadán, cada musulmán hace ayuno desde que sale el sol hasta que se oculta (al respecto, véase Breve nota sobre Ramadán). En Bogotá, con apenas unos pocos miles de musulmanes entre más de 8 millones de habitantes, nadie impide que uno al voltear una esquina se atragante de papas fritas. Igual ocurre con la mayoría de los musulmanes que viven en territorios no musulmanes. Nadie va a saber que uno rompió su ayuno. Entonces, ¿cómo es que el musulmán no lo hace? Porque sabe que Dios lo ve todo el tiempo, y sabe que ayuna para agradarlo a Él, de modo que no va a hacer trampa y dañar su propósito. De la misma forma, ¿qué hace que un musulmán tenga la disciplina para cumplir con 5 oraciones todos los días, 30 días de ayuno en Ramadán todos los años, además de mantener una vida sana, alejada de todo vicio? Su creencia en Dios y su deseo de cumplir con Su ley. El pensamiento colectivo al que Llinás espera que se dirija la especie humana, está en el Islam. Pero no somos solo entes colectivos ni podemos serlo, somos también individuales, y eso también está contemplado en el Islam. Las normas, controles y prohibiciones necesarios para que la sociedad funcione bien para todos, provienen del Corán y de la Sunna (tradición) del Profeta, pero no es un sistema policivo y restrictivo: el Islam da muchos beneficios y brinda muchas motivaciones para que esas normas sean aplicadas por todos sin necesidad de un régimen de terror, sino con base en el buen ejemplo, la educación desde el hogar, la búsqueda permanente del conocimiento, la conciencia social, y el amor al prójimo, todo ello fundamentado en el amor a Dios y el deseo de agradarle, de obrar de acuerdo a Sus mandatos y cumplir Su voluntad en agradecimiento por cada cosa que existe y por cada día que nos permite estar con vida en esta tierra, en el deseo de ganar Sus recompensas, y también en el temor devocional a Dios, en el deseo de no despertar Su ira ni ganar Su castigo.

Pero entonces, ¿debemos todos ser musulmanes, o debemos todos creer en Dios? Ya hoy día miles de personas están abrazando el Islam a diario, convirtiendo al Islam en la religión de mayor crecimiento en el mundo (al respecto, véase Romper Esquemas). De hecho, si no consideramos la cristiandad como un todo sino miramos las denominaciones cristianas por aparte, el Sunismo (Islam ortodoxo, tradicional y mayoritario) es hoy día la mayor denominación religiosa en todo el mundo, seguido en número de fieles por el Catolicismo Romano (véase Casi una de cada cuatro personas es musulmana). Sin embargo, no es un requisito ser musulmán para tener una vida digna dentro de una sociedad islámica. Dice el Corán que no cabe coacción en asuntos de fe, y que Dios guía a quien quiere. En otras palabras, no se puede obligar a nadie a creer en Dios, mucho menos a ser musulmán. Por lo tanto, eso no es problema. Como dije, en la civilización islámica encontraron refugio aquellos que estaban siendo perseguidos en Europa. Fue el trabajo conjunto de personas de diferentes etnias, nacionalidades, creencias e ideologías, en la Casa de la Sabiduría de Bagdad, y en otras ciudades como Damasco, Córdoba y Toledo, lo que disparó el avance científico, tecnológico y cultural de la civilización islámica durante el medioevo (y fue ese mismo trabajo el que llevó el avance musulmán a Europa y alimentó la Ilustración).

De modo que el Islam como sistema, es un modelo de sociedad que permite a todos sus miembros, musulmanes o no, vivir con dignidad, a cambio solo de respetar las normas de dicho sistema. Esto no es nada nuevo ni es extraño a nosotros. Nos guste o no, para vivir en esta sociedad tenemos que respetar la constitución y las leyes, con la diferencia que la constitución y las leyes de esta sociedad obedecen a unos intereses de acumulación de capital en unas pocas manos, leyes dictadas por unos senadores que muchas veces se ha demostrado son corruptos y tienen alianzas con narcos, mientras que las leyes islámicas garantizan una vida digna a todos y han permanecido inalteradas por 14 siglos. Si aceptamos vivir bajo las normas de esta sociedad que nos aliena y nos explota, ¿por qué no aceptaríamos vivir bajo unas normas que garantizaran bienestar para nosotros y los nuestros?

Llinás lo ha dicho, podemos cambiar. Los seres humanos no estamos condenados por un determinismo absoluto, ni por nuestros genes, ni por la educación que recibimos los primeros 6 o 10 años de vida. Nos construimos a nosotros mismos, en lo individual y en lo colectivo. El mundo hoy día es como es porque entre todos aportamos para que así sea, y entre todos podemos hacerlo distinto. La pregunta es: Si a Ud. le garantizan que tendrá una vida digna, con opciones reales de educación, vivienda, salud, en una ciudad con buena infraestructura, sin violencia en las calles, donde sus hijos no estarán expuestos a las pandillas, la drogadicción, la prostitución y el tráfico de personas, pero a cambio debe aceptar que el gobernante sea musulmán y que las leyes no sean dictadas por un senado sino que sean las leyes escritas hace más de 14 siglos en el Corán, ¿aceptaría, o preferiría alguna de las opciones de sociedad que hoy tiene a su alcance? Llinás nos dice que hay que tener fe en el sistema para que éste funcione:

La fe en este caso es la capacidad de gastar. Aunque no sea tanta como antes, es la que mantiene la economía. En una depresión no hay la suficiente fe, porque la gente no gasta el dinero. Hay que explicarles por qué hay que hacerlo.

¿Ud. tendría fe en el sistema capitalista, que jamás le ha brindado vida digna por igual a todos los miembros de sus sociedades, o tendría fe en una sociedad que demostró sus bondades en el pasado y que, está claro, podría perfectamente volver a funcionar?


EL VALOR ES UN ASUNTO DEL CEREBRO


Entrevista hecha en Bogotá por la revista Dinero en abril de 2009. Tomada de http://www.dinero.com/noticias-crecimiento/valor-asunto-del-cerebro/59027.aspx.

Limitar la riqueza personal, hacer riqueza para la colectividad. El neurólogo colombiano Rodolfo Llinás propone una teoría que se apoya en sus hallazgos sobre neuroeconomía y que pone patas arriba al capitalismo ¿Tiene razón el científico? Una entrevista polémica de Dinero.com y Revista Semana.

Cachaco, completamente cachaco. Arrolladoramente simpático y con un acento santafereño difícil encontrar, incluso en otros bogotanos. Así es el director del Departamento de Fisiología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York, el neurólogo colombiano Rodolfo Llinás.

El tema de su última visita a Colombia, la neuroeconomía. ¿Qué hace el cerebro para que las personas funcionen de una cierta forma cuando están produciendo, consumiendo o intercambiando bienes y servicios? ¿Cuál es el valor de las cosas?

Para los economistas profesionales, las respuestas de Llinás a esas preguntas son urticantes. Algunos estarían dispuestos a hacer un pacto con el médico. Se comprometerían a no hacer una jamás una operación cerebral, a cambio de que él dejara de opinar sobre economía.

Pero no es una buena época para los que quieren esos tratos. Llinás no está interesado en guardar sus hipótesis en secreto, y además golpea con su desparpajo natural uno de los cimientos sobre los cuales se construye la teoría económica: el valor de las cosas no está en sus características intrínsecas sino que está en el cerebro de las personas, dice.

La implicación de esta afirmación es enorme. Para el médico javeriano eso significa poner patas arriba al capitalismo. “Tener un capitalismo que esté en beneficio no de una persona sino de la sociedad”.

Rodolfo Llinás habló con Dinero.com y con la Revista Semana, de economía y de consumo. Para quienes concuerden con él o para quienes discrepen, las respuestas de este científico son materia de interés, de todas maneras.

¿La forma de decidir de las personas cambia cuando hay crisis?
Las situaciones de crisis producen un estado en el cuál la gente hace estupideces increíbles.

¿Tienden a tomar decisiones equivocadas?
Claro, Absolutamente. Porque no se puede pensar. El pensamiento requiere cierta cantidad de energía y si la gente – por ejemplo - ve que se le está desapareciendo la plata y que todos están vendiendo, ellos venden. Pero es mal momento para vender. El inmediatismo no los deja pensar claramente. Las personas no están generalmente educadas para entender que hay que esperar un poco a ver cómo va la situación.

¿Por qué los economistas no saben predecir las crisis?
Porque están mirando el problema desde afuera. Es una cosa que a veces no entienden. El problema de la economía es que el punto central no está fuera, sino dentro del cerebro. Es el concepto de valor Y si no se puede definir el concepto de valor, todo el andamiaje matemático se va a caer de vez en cuando.

La ventaja de la matemática, que es ciencia dura, es que uno sabe exactamente lo que está midiendo. Pero aquí ellos no tienen la menor idea de lo que están midiendo.

El problema es que el valor cambia directamente con la actitud de la sociedad. Si todo el mundo dice venda, yo no me quiero quedar atrás. Y de pronto vender es mala idea, pero es lo que todos están haciendo.

¿Entonces en vez de predecir, hay que cambiar los valores?
Hay que educar los valores. En esto, lo primero que hay que hacer es, que nadie pueda tener más de una cierta cantidad de plata. Lo tienen que limitar. La gente no entiende que no hay derecho, que no debía existir una persona que tuviera US$60.000 millones. ¿Una sola persona? No es posible.

Pero los economistas dicen que el deseo de acumular riquezas es el motor de las sociedades y de la innovación...
Si, pero entonces hay que ponerle control. Lo que hemos aprendido es que no se puede dejar sin control.

Con esa visión parecería que el deseo de acumular riquezas fuera como una enfermedad ¿En qué momento el gusto por la plata se vuelve enfermedad?
Los insectos chupan la sangre de sus ‘victimas’ con una especie de bomba muy poderosa. Pero tienen un sistema que les dice cuando están llenos. Si siguieran bombeando, estallarían. La enfermedad empieza cuando la gente que tiene la bomba no deja de bombear cuando le dicen, no bombee más.

Entonces habría que diseñar mecanismos sociales para limitar la acumulación...
Unos son los empresarios y otros los reguladores. Y tiene que existir ambos, porque si no el sistema se revienta.

¿Y cómo se le dice a un especulador que pare?
La situación es sencilla, porque eso puede ser: si usted gana más de cierta cantidad, se la quitamos.

¿Y eso no es un desperdicio social en términos de que se pierde el motor de la economía?
Es un desperdicio social si la gente cree que la única manera de hacer economía es aumentar de modo ilimitado el capital. Ese es el problema, que no se puede. El sistema educativo tiene que cambiar.

¿Cambiar hacia qué?
Es que es muy sencillo. Que no sea ‘yo’. Que seamos ‘nosotros’. La meta sería que en esta sociedad vamos a tratar de conseguir tanto dinero como sea posible, pero una sola persona no, porque eso no mejora la sociedad, la empeora.

Entonces el deseo por la plata se debe tratar como una adicción, como cualquier otra obsesión...
Es que la de la plata no es adicción a la plata, es adicción al poder que da la plata. Que yo soy mejor que usted porque tengo más plata, soy feliz porque tengo plata en el banco, soy infeliz porque no tengo plata en el banco. ¡Pero qué falta de originalidad!

¿Malo?
No digo que las adicciones sean malas. Pero hay que controlarlas.

Y otras obsesiones fuertes como las amorosas ¿También hay que limitarlas?
Las adicciones de ese tipo, que generalmente no tienen efectos secundarios, no tienen ningún problema. Pero claro, usted no tiene derecho de querer a esa persona tanto como para comerse sus brazos. Te quiero tanto que me vuelvo antropófago. Sería una bestialidad.

Y entonces, ¿su solución?
Tener un capitalismo que esté en beneficio no de una persona sino de la sociedad.

ASUNTOS DE CONSUMO

En consumo a uno lo pueden condicionar para que tome decisiones de una manera específica...
Si. Mire en la televisión. A uno le venden una máquina de escribir con una mujer bella, como si las dos cosas estuvieran relacionadas. Entre menos vestido tenga, venden más. En esta situación lo están engañando.

El manejo de esas asociaciones y relaciones cerebrales es una manipulación
Es muy eficaz, pero es grave. Es manipulación. Eso es engañar, absolutamente.

¿Y qué habría que hacer para evitar ese engaño?
Si se regulara lo que se puede decir en la televisión con respecto al producto. Es que cuántas porquerías no venden... Pero la televisión gana, el que vende las porquerías gana. Los únicos que pierden son las personas que compran.

Para salir de la crisis de estos días, se dice que hay que consumir. ¿Entonces cómo induce el consumo?
Es posible de manejar si se explica la situación. Si uno le explica a la gente que tienen que tener suficiente fe en el sistema. La fe en este caso es la capacidad de gastar. Aunque no sea tanta como antes, es la que mantiene la economía. En una depresión no hay la suficiente fe, porque la gente no gasta el dinero. Hay que explicarles por qué hay que hacerlo.

¿Cómo?
Sencillo. El valor de las cosas no cambia. Esa máquina de escribir es buena de todas maneras. Cuánto cuesta es una cosa diferente. Entonces no se va a acabar. Los edificios no se van a caer. Hay una realidad más allá de la plata, que es la que la gente tiene que entender. Que hay ferias y fiestas pero esa no es la realidad.

Difícil, ¿no?
Las personas pueden ser irracionales pero son entendibles. El hecho de que no haya patrones de acción fijos, no quiere decir que no se puedan modificar, o que no se puedan entender. Se pueden controlar, sobre todo si la sociedad los controla. No hay ninguna otra solución. Estas cuestiones sociales tienen unos problemas inmensos. Rodolfo Llinás termina de desayunar de manera extraordinariamente frugal. Un café con un pandeyuca, que disfruta claramente. Se levanta de la mesa y se encuentra con un grupo de gente que lo espera para poder hablar un momento corto con él o para conseguir un autógrafo en alguna de sus publicaciones. Esta especie de celebridad científica ya está en otro tema. El de la economía se quedó en la mesa, para que lo debatan los que quieran controvertir sus ideas. Y sin duda, eso ocurrirá.

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ARTÍCULOS RELACIONADOS



Los intereses y su papel en la economía y la vida (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2010/11/los-intereses-y-su-papel-en-la-economia.html).

La Falacia de la "Banca Islámica" (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2010/03/la-falacia-de-la-banca-islamica.html).

Manifiesto Hacker (http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2011/02/manifiesto-hacker.html). 

El Renacimiento Empieza en Córdoba: http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2010/02/el-renacimiento-empieza-en-cordoba.html.

Sir Bernard Shaw, un escritor cristiano socialista ateo que coqueteaba con el Islam: http://mensajesenlaruta.blogspot.com/2010/02/sir-bernard-shaw-un-escritor-cristiano.html.


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miércoles, 16 de septiembre de 2009

Con Ignorancia no hay Paz

Con Ignorancia no hay Paz

por Néstor Pedraza, director del Concurso Mundial de Cuento y Poesía Pacifista


Presentación del Concurso Mundial de Cuento y Poesía Pacifista (http://sites.google.com/site/concursomundialpacifista/) durante la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín 2009 (http://lasfiligranasdeperder.blogspot.com/2009/09/el-concurso-mundial-de-cuento-y-poesia.html)


En un mundo de frases de cajón y notas tan superficiales como rápidas en la televisión, todos los conceptos se reducen a breves instantes y pocas palabras, tan vacíos como efectivos. Una imagen de un niño comiendo del suelo en una calle, o el video de unas torres cayendo ante la mirada estupefacta de gente de a pie, nos transmiten mensajes facilistas que simplemente absorbemos para seguir con nuestra cotidianidad, sin percatarnos que todos esos mensajes se van aglutinando en nuestro cerebro para conformar una visión del mundo que nos es impuesta. Y dejamos de leer, de cuestionar, de investigar, sumidos en la operatividad del día a día, en la urgencia del trabajo, y en el placer banal y alienante de la rumba, el fútbol y las telenovelas. Es decir, nos negamos a nosotros mismos el derecho a construirnos un criterio y una mirada propia. [1]

Sólo en la búsqueda del conocimiento, en la preocupación por alimentar nuestro intelecto tanto como nuestro cuerpo y nuestro espíritu, podemos conformar nuestras propias ideas, concretar nuestros argumentos, tener así las herramientas para dialogar con el otro. La lectura, como forma esencial del desarrollo del pensamiento y del dominio del lenguaje, es irreemplazable para tener no sólo el vocabulario suficiente y apropiado, sino el manejo del idioma que requerimos a fin de expresarnos; para darnos a entender y para escuchar y entender al otro. Sin esto, no hay diálogo, no puede entonces haber entendimiento, y sin entendimiento no puede haber paz. [2]

En la ignorancia de los conceptos y de la historia, está la trampa que nos hace caer en discursos que pretenden mostrarnos caminos de luz y libertad, cuando sólo nos llevan a la desolación y el vacío [3]. Una cosa es ser masón, gnóstico o metafísico a conciencia, a sabiendas de lo que se cree y se hace, por qué y para qué. Muy distinto es caer en la trampa de los libros de auto superación (mezcla superficial de masonería, gnosticismo y metafísica con elementos cristianos y paganos diversos), creyendo que no tienen que ver con religión ni política, que sólo dan buenas pautas para una vida “mejor”. También es muy distinto defender la declaración de los derechos humanos con pleno conocimiento de su historia y de la ideología que los soporta, a caer en la defensa de una homogeneización de todas las culturas bajo el yugo de los ideales burgueses que originaron, desarrollaron y han convertido en religión secular la declaración de los derechos humanos. [4]

Todo acto humano es, en sí mismo, político. Ser apolítico no es una opción, es sólo una impostura que oculta la mediocridad. Sólo en el esfuerzo constante por saber, por conocer, por aprender, por comunicarse con los demás, por tener claras cuáles son las políticas de vida propias, por qué y para qué de las mismas, y cómo se relacionan con las políticas del otro, podremos construir las bases del desarrollo de una sociedad pacífica. Muchas veces se dice que el cambio debe comenzar por uno mismo. Esto en efecto es cierto, pero uno no puede cambiar si no tiene un norte, si no sabe hacia dónde dirigir ese cambio. Es el conocimiento (no la acumulación de información, sino el desarrollo integral de la persona como individuo y como parte de una comunidad) lo que nos permite definir ese norte. Y el conocimiento no está en el sistema educativo, inmerso éste en el sistema socio-económico que nos subyuga y que está fundamentado en el mismo ideario liberal burgués que ha construido el mundo que conocemos y en el que vivimos. [5] No es suficiente con ir a la escuela o la universidad. El conocimiento debe buscarse activamente durante toda la vida, sin cesar. Y para comenzar, debemos aprender a leer de forma crítica, debemos leer no sólo un autor o sobre un único tema, y debemos adoptar la lectura como parte integral e irreemplazable de nuestras vidas. Pero también debemos aprender a ser solidarios con el conocimiento, enseñar a otros lo que aprendemos.

La ignorancia es el gran enemigo. Combatir la ignorancia es el primer paso, indispensable, para construir la paz.

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domingo, 13 de septiembre de 2009

Romper Esquemas

Romper Esquemas

por Said Abdunur Pedraza.

Entre las cosas que suenan poco creíbles pero son estadísticamente incontestables, está el hecho de que la caída de las Torres Gemelas aquel famoso 9/11 de 2001, disparó el interés de los jóvenes estadounidenses y europeos por saber más del Islam. Quizá inicialmente les parecía increíble (o tal vez fascinante) que hubiera en el mundo un enorme grupo de personas dispuestas a matarse por su Dios. Luego se habrán decepcionado un poco al saber que eso no es Islam, que para los musulmanes el suicidio es un pecado grave, así como el asesinato de civiles inocentes, de no-combatientes. Después, tal vez, hasta sintieron algo de ira cuando comenzaron a comprender la estrecha relación entre la familia Bin Laden (y la corrupta monarquía saudita que depende de ella) y la familia Bush con sus negocios petroleros, y su consecuente subordinación a los intereses gringos. Algunos, es probable, habrán llegado a sentir pánico al descubrir que Osama Bin Laden fue entrenado por la CIA, al igual que el actual presidente de Afganistán; y que tanto ellos como Saddam Hussein fueron aliados del gobierno de los Estados Unidos, que les envió armas, entrenamiento, asesoría militar y les brindó protección y apoyo (véase Sobre la Burka y su historia).

En fin: tratar de saber sobre el Islam más allá de lo que les contaba la CNN, les abrió un mundo que desconocían por completo. Un mundo que les resultó más cercano de lo que imaginaban, cuando encontraron que el Islam habla también de las historias y los profetas que aparecen en la Biblia y que Jesús (la Paz de Dios sea con él) es reconocido como el Mesías de Israel por los musulmanes. Al tiempo, comenzaron a ver su propio mundo más distante, más extraño, un mundo de mentiras y de posibles conspiraciones. Las inconsistencias que han presentado siempre las versiones oficiales sobre lo ocurrido el 9/11 (véase Las Preguntas sobre el 9/11), la farsa de la persecución de Osama Bin Laden (véase La Patraña de Al-Qaeda), las atrocidades cometidas por el ejército estadounidense en Afganistán, y las falacias descaradas de la administración Bush para justificar la invasión a Iraq, llevaron al desarrollo de todo tipo de teorías de conspiraciones. Teorías que van de las francamente absurdas (lo que se estrelló contra las torres no eran aviones, sino misiles disfrazados de aviones gracias a tecnología de hologramas, dice una de ellas), a las que algunos científicos han definido como únicas explicaciones razonables, pero están en debate (las torres fueron derribadas por una demolición controlada, dice una de ellas), pasando por lo que ya se ha confirmado (el FBI tenía conocimiento previo de que se preparaba el ataque, por ejemplo). Las dudas que todo esto ha generado en el público (tanto el estadounidense como el mundial) conllevaron a la formación de varias agrupaciones y organizaciones que claman porque se revele la verdad detrás del 9/11, entre ellas la Muslim-Jewish-Christian Alliance for 9/11 Truth - MUJCA (Alianza Musulmana-Judía-Cristiana por la Verdad del 9/11), que afirma en su página principal:

La misión de la Alianza es llegar a las personas de fe para:
  • Compartir con ellas las extensas investigaciones que han mostrado que la historia oficial no puede ser verdad y que una nueva investigación es necesaria, a fin de lograr justicia para todas las víctimas del 9/11.
  • Alentarlas a ver la inmoralidad de usar una historia falsa como base para invadir países, infligir torturas, negar las libertades civiles, manejar una falsa cuña entre Musulmanes y otras religiones, y crear un clima de temor en los Estados Unidos y el mundo.
  • Reconocer que si las comunidades de fe deben ser la conciencia del estado, basarse en fuentes de noticias que están fuertemente influenciadas por el estado no puede ser un medio confiable para la evaluación independiente.
  • Entender que la elección que enfrentamos como personas de Dios es entre la lealtad a Dios y la lealtad al imperio.
  • Hacer todo lo anterior tratando de decir la verdad con amor.

La estadounidense MUJCA debería llamarse más bien “Asociación Musulmana-Sufi”, pues fue creada por el Dr. Kevin James Barrett (doctor en Islamología y Arabología, miembro de Académicos por la Verdad del 9/11 y del Comité Científico para la Investigación del 9/11, cristiano unitario convertido al Islam) y por el Dr. Faiz Khan (médico cirujano, sufí, miembro del Comité de Ética del Centro Médico de la Universidad de Nassau), y no aparece avalada ni respaldada por ninguna organización islámica, judía o cristiana (ni siquiera por alguna organización sufí). Sin embargo, sus fundadores son dos de los activistas más conocidos y entusiastas de cuantos defienden las teorías de conspiraciones en relación a los ataques del 9/11, y la sola existencia de la MUJCA forma parte de esas extrañas mezclas, alianzas y sincretismos que se están dando en occidente, como consecuencia de la influencia aún débil pero en expansión del Islam, en confrontación con la tradición judeocristiana que subyace en todos los aspectos de la mentalidad europea y americana.

De modo que del 9/11 se ha derivado un mayor conocimiento del Islam entre algunos sectores de las sociedades europeas y estadounidense, una mayor necesidad de establecer diálogos entre los creyentes (véase la nota El diálogo entre cristianos y musulmanes, visto con ojos de mujer), y un crecimiento progresivo en el número de personas de dichas sociedades que deciden declararse musulmanes y vivir de acuerdo a la ley coránica. El Pew Research Center (entidad independiente que a través de encuestas, foros y estudios en ciencias sociales, provee información sobre problemas, actitudes y tendencias que se perfilan en los Estados Unidos y el mundo) reportaba en mayo de 2007 que el 35% de los musulmanes en Estados Unidos eran estadounidenses de nacimiento, con un 21% de conversos y sólo un 14% de hijos de musulmanes inmigrantes. Se estimaba en ese momento en 2.35 millones de personas el número de musulmanes en Estados Unidos (tomado de http://pewresearch.org/pubs/483/muslim-americans). Sin embargo, el 53% de los musulmanes en Norteamérica se ha quejado de que su vida es más difícil tras el 9/11. De hecho, en septiembre de 2009, el mismo Pew Research Center ha publicado datos según los cuales, los estadounidenses consideran que los musulmanes son el grupo religioso más discriminado en Norteamérica (58%) seguido de lejos por los judíos (35%), cristianos evangélicos (27%) y ateos (26%). A pesar de ello, la percepción entre los estadounidenses de que el Islam fomenta la violencia más que otras religiones, ha bajado del 45% al 38% entre 2007 y lo que va corrido de 2009 (tomado de http://pewresearch.org/pubs/1336/perceptions-of-islam-religious-similarities-differences).

Por supuesto, el crecimiento del Islam en Europa y Estados Unidos es entendido por varios sectores como una amenaza para el statu quo, y esto ha traído como consecuencia un aumento en los ataques contra el Islam en forma de mala propaganda, permanentes alusiones noticiosas a países árabes como focos de barbarie, exageración de noticias árabes negativas (incluso de árabes no-Musulmanes) mostradas como "acciones propias de todo Musulmán" (menos del 18% de todos los Musulmanes del mundo son árabes), racismo, xenofobia, islamofobia, intolerancia cultural, y por supuesto, en un ataque religioso desde muchos púlpitos, altares, sinagogas y sitos de Internet.

Todo esto ha favorecido y dado sustento a la mal llamada “guerra contra el terrorismo”, que no es más que la justificación que requería la industria militar y de inteligencia norteamericana para mantener y aumentar su presupuesto tras la caída del socialismo soviético. Muerto el diablo, necesitaban satanizar a alguien o algo más, lo suficientemente grande para que fuera percibido como una amenaza igual o mayor que el comunismo. Por supuesto, la “guerra contra el terrorismo” no está diseñada para impedir el genocidio de Israel contra Palestina, ni para evitar el terrorismo de estado en países como Colombia, donde las violaciones a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario por parte de las fuerzas del estado y de sus aliados paramilitares, son tan flagrantes como la infiltración del narcotráfico en todas las esferas del estado y de la sociedad. Ni siquiera las FARC, señaladas como grupo terrorista por los Estados Unidos, son blanco de los esfuerzos de la “guerra contra el terrorismo”. No, esa es una guerra dirigida específicamente contra los pueblos árabo-musulmanes que habitan inermes e inocentes en territorios donde los estadounidenses tienen intereses petroleros y geoestratégicos.

A pesar de todo, el crecimiento del Islam se mantiene. De acuerdo al artículo Lejos de extinguirse, un estudio confirma el auge de las religiones:

En 2050, el cristianismo pasará los 3.000 millones de fieles y seguirá siendo la primera comunidad religiosa mundial. Pero el Islam -que llegará a los 2.229 millones- será el que, proporcionalmente, más crecerá.

Según la nota Casi una de cada cuatro personas es musulmana, "Europa es el hogar de 38 millones de musulmanes [...] hay más musulmanes en Alemania que en el Líbano y más en Rusia que en Jordania y Libia juntas [...] más de la mitad de los 4,6 millones de musulmanes en el continente americano viven en Estados Unidos", y de más de 1500 millones de musulmanes en el mundo, "300 millones [...] viven en países donde el Islam no es la religión mayoritaria".

En este crecimiento, por supuesto, se presenta un número cada vez mayor de “conversiones” de cristianos y, en menor medida, de judíos al Islam (Islam significa “sumisión a la voluntad de Dios”, los musulmanes consideramos que todo ser humano nace musulmán, nada hay en los actos de un niño que contradiga la voluntad divina, por lo que no hablamos de “conversión” al Islam sino de retornar a la condición primera del ser humano, volver al Islam). Dichas "conversiones" o retornos implican un proceso de cambio en el que la persona, a medida que conoce y entiende más el Islam, va transformando no sólo sus actitudes, costumbres y creencias, sino su visión del mundo y su forma de pensar. Es un verdadero proceso de romper esquemas a todo nivel. La velocidad con que ese proceso se desarrolla depende de cada persona, y en algunas es posible que nunca se lleve a cabo del todo, debido a su incapacidad de desprenderse de costumbres, tradiciones y creencias aprendidas desde la cuna y cultivadas con ahínco durante décadas. Esto puede compararse con dejar de fumar: para algunos es muy sencillo (un amigo mío, una noche cualquiera, arrugó su segundo paquete diario de cigarrillos, que recién había abierto, y lo lanzó a la basura; de eso hace más de 20 años, nunca volvió a fumar), pero para otros es casi imposible. Al respecto, nos dice el Dr. Jerald F. Dirks (master en Divinidad de la Harvard Divinity School, exministro de la Iglesia Metodista Unida de Estados Unidos, doctor con maestría en psicología clínica de la Universidad de Denver, musulmán desde 1993):

El sentido de identidad, de quién uno es, es una poderosa afirmación de la posición que tenemos en el cosmos. En mi práctica profesional, ocasionalmente me llamaban para tratar ciertos desórdenes adictivos, que iban desde fumar, al alcoholismo o al abuso de las drogas. Como clínico, sabía que la adicción física básica tenía que ser superada para crear la abstinencia inicial. Esa era la parte fácil del tratamiento. Como dijo Mark Twain una vez: “Dejar de fumar es fácil; yo lo he hecho cientos de veces”. Sin embargo, también sabía que la clave para mantener esa abstinencia durante un largo período de tiempo era superar la adicción psicológica del paciente, la cual se basa fuertemente en su sentido básico de identidad, es decir, el paciente se identificaba como “fumador”, o como “bebedor”, etc. El comportamiento adictivo se había vuelto parte del sentido básico de identidad del paciente, o de su sentido básico del ser. Cambiar ese sentido de identidad era esencial para mantener la “cura” psicoterapéutica. Esa era la parte difícil del tratamiento. Cambiar el sentido básico de identidad de una persona es la tarea más difícil. La psiquis de la persona tiende a aferrarse a lo viejo y conocido, lo cual parece más cómodo y seguro psicológicamente que lo nuevo y poco conocido.

En un sentido profesional, [yo] tenía el conocimiento [del Islam] descrito, y lo utilizaba a diario. Sin embargo, irónicamente, no estaba listo para aplicarlo conmigo mismo ni tampoco con el tema de mis propias dudas respecto a mi identidad religiosa. Durante 43 años, mi identidad religiosa había sido cuidadosamente caratulada de “cristiana”, por más numerosos que hayan sido los calificativos que le haya agregado al término a lo largo de los años. Dejar de lado la etiqueta de mi identidad personal no fue una tarea fácil. Era parte esencial de cómo definía mi propio ser. Dado el beneficio de la duda, queda claro que mis dudas servían al fin de asegurarme de mantener mi identidad religiosa familiar de ser cristiano, aunque cristiano que creía como musulmán.

Ya estábamos a fines de diciembre, y mi esposa y yo estábamos llenando los formularios para obtener los pasaportes estadounidenses, para así hacer realidad un viaje al Medio Oriente. Una de las preguntas tenía que ver con la afiliación religiosa. Ni siquiera lo pensé y automáticamente caí en lo habitual y familiar, y escribí “cristiano”. Fue fácil, fue conocido y fue cómodo.

Sin embargo, esa comodidad se vio alterada momentáneamente cuando mi esposa me preguntó qué había puesto en la parte de identidad religiosa del formulario. Inmediatamente respondí “cristiano”, y me reí fuertemente. Ahora, una de las contribuciones de Freud a la comprensión de la psiquis humana fue su interpretación de que la risa es a menudo una liberación de tensión psicológica. […] Me apresuré a darle a mi esposa una breve afirmación de que era cristiano, no musulmán. En respuesta a ello, me informó amablemente que sólo me estaba preguntando si había escrito “cristiano”, “protestante” o “metodista”. En un sentido profesional, sé que una persona no se defiende de una acusación que no le han hecho. (Si durante una sesión de psicoterapia, mi paciente vocifera “No estoy enojado con eso”, y yo ni siquiera mencioné el tema del enojo, queda claro que mi paciente sentía la necesidad de defenderse de una acusación que le hacía su propio inconsciente. Es decir, estaba enojado, pero no estaba listo para admitirlo o enfrentarlo). Si mi esposa no había hecho la acusación, o sea “eres musulmán”, entonces la acusación provenía de mi propio inconsciente, pues yo era la única persona presente. Estaba al tanto de ello, pero seguía vacilando. La carátula religiosa que se había apegado a mi sentido de identidad durante 43 años no iba a despegarse fácilmente. […]

Imán, una musulmana estadounidense […], amablemente me preguntó si era musulmán. La palabra que salió de mi boca antes de pensar en cualquier amabilidad o regla de cortesía social fue: “¡No!”. Esa sola palabra fue pronunciada con fuerza y con más de un dejo de irritabilidad. […] ¿Qué me estaba pasando? Me había comportado agresiva y maleducadamente. ¿Qué había hecho esta mujer para merecer mi reacción? Ese no era yo. […] Podía hacer de cuenta que ignoraba mi propia risa como una tensión liberada, pero no podía comenzar a ignorar esta suerte de comportamiento reprochable de mi parte. […] Más tarde, […] intenté [disculparme con Imán] diciendo: “Temo que fui un poco brusco en responder su pregunta hace un rato. Si usted me hubiera preguntado si creo que existe un solo Dios, entonces mi respuesta sería sí. Si me hubiera preguntado si creo que Mujámmad fue uno de los profetas de ese único Dios, entonces mi respuesta sería sí”. Ella fue muy amable y dijo: “Está bien, a algunas personas les lleva más tiempo que a otras”.

Quizás, los lectores de estas palabras serán lo suficientemente amables para notar los juegos psicológicos que estaba jugando conmigo mismo sin reírme fuerte con mi gimnasia mental y mi comportamiento. Sabía bien que a mi propia manera, utilizando mis propias palabras, acababa de decir la Chajada, el testimonio islámico de fe, es decir: “Atestiguo que no existe dios excepto Dios, y atestiguo que Mujámmad es el mensajero de Dios”. Sin embargo, a pesar de haberlo dicho y haber reconocido lo que había dicho, seguía aferrándome a mi antigua y conocida carátula mental de identidad religiosa. Después de todo, no había dicho que era musulmán. Simplemente era un cristiano, aunque un cristiano atípico que estaba dispuesto a decir que existe un solo Dios, y no una trinidad, y que estaba dispuesto a decir que Mujámmad (Paz y Bendiciones de Dios sean con él) fue uno de los profetas inspirados por ese Dios. Si un musulmán quisiera aceptarme como musulmán, eso era problema suyo, no mío. Yo creía que había encontrado mi propia salida a la crisis de identidad religiosa. Era un cristiano que explicaba minuciosamente que estaba de acuerdo, y tenía la voluntad de atestiguar el testimonio islámico de fe. Luego de dar mi torturada explicación y haber hecho sufrir al idioma hasta el límite de su vida, los demás podían ponerme la etiqueta que quisieran. Era su etiqueta, no la mía. (Tomado de http://www.islamreligion.com/es/articles/102/, el original en inglés se encuentra en http://www.welcome-back.org/profile/dirks1.shtml).

Esto significa, por un lado, que puede haber un buen número de musulmanes que están haciendo sus cinco oraciones, leyendo el Corán y poniendo en práctica las enseñanzas del profeta Mujámmad (PyB), pero por una u otra razón aún no se consideran a sí mismos musulmanes, no van a las mezquitas ni están en ningún registro de las comunidades musulmanas. Por otro lado, significa también que se dan casos en los que la persona, aun habiendo aceptado el Islam, no logra decidirse del todo y considera que puede mantener “lo mejor de ambos mundos”, como afirman muchos sincretistas que, en realidad, prefieren tomar lo que más les conviene de diferentes religiones y/o filosofías, antes que asumir un compromiso serio con una mentalidad y una forma de vida específicas. Esto es particularmente comprensible en el caso de personas con una profunda convicción y tradición cristianas, que al abrazar el Islam, consideran que pueden mantenerse como cristianos y musulmanes a la vez. Por supuesto, a medida que la persona conoce y comprende más y mejor el Islam y lo lleva cada vez más a la práctica en su cotidianidad, empieza a ver que aceptar a Jesús y a María Virgen (la Paz de Dios sea con ambos) y al origen divino de los textos originales de la Torá (Pentateuco), los Salmos, los Proverbios y el Evangelio, no significa permanecer en el cristianismo, sino que es parte fundamental de la fe islámica. En cambio, colgarse un crucifijo al cuello, creer en santos, tener imágenes, y creer en la Trinidad y en la infalibilidad de la Biblia como la conocemos hoy, es parte del cristianismo pero es rechazado en el Islam. Igualmente, mientras para los musulmanes no hay problema en reconocer la misión profética y mesiánica de Jesús (P) y la inspiración divina de gran parte de la Biblia, para los cristianos es inconcebible aceptar la misión profética de Mujámmad (PyB) y la inspiración divina del Corán, así como para los musulmanes es inconcebible creer que Dios se encarnó o que ha engendrado un hijo.

Por ello, ha causado tanto revuelo el caso de la Dra. Ann Holmes Redding, quien fuera ministro de la Iglesia Episcopal de Rhode Island, Estados Unidos, por casi 30 años. Redding se graduó de la Brown University, donde obtuvo grados de Master en dos seminarios. También recibió doctorado en Nuevo Testamento en el Seminario de Unión Teológica en la ciudad de Nueva York. Ordenada sacerdotisa en 1984, la Reverendo Redding sorprendió a sus feligreses en junio de 2007 cuando desde el púlpito de la Catedral Episcopal de San Marcos, en Seattle (donde servía como Directora de Formación en la Fe), confesó haber abrazado el Islam 15 meses antes, durante una conferencia interreligiosa. La Iglesia Episcopal es la representación de la Comunión Anglicana en los Estados Unidos y en varios países de América Central, del Sur y el Caribe. Con unos 77 millones de fieles, la Comunión Anglicana (asociación de iglesias cuyo centro religioso es la Iglesia de Inglaterra y el Arzobispo de Canterbury) es la tercera mayor denominación cristiana existente, después de la Iglesia Católica Apostólica y Romana, y de las Iglesias Ortodoxas de Oriente. Estas 3 Iglesias son las únicas de filiación católica, es decir, aunque el anglicanismo se considera a sí mismo “de la Reforma aunque no evangélico”, se considera también “católico aunque no romano”. En la práctica, esto significa que las Iglesias Romana, Ortodoxa y Anglicana tienen en común el sacerdocio y el sacrificio de la Eucaristía, así como la arquitectura de sus templos y varias semejanzas doctrinales, entre ellas la de la Trinidad. Pero la Anglicana es la única iglesia cristiana que ordena a mujeres sacerdotisas, como la Rev. Redding, quien tiene el record de ser la única mujer que ha oficiado una Misa con la participación de un invitado que hizo recitaciones coránicas en lugar de los tradicionales cánticos cristianos (véase el video en http://www.youtube.com/watch?v=83c535Rpdhk).

En julio de 2007, el Rev. Geralyn Wolf, Obispo de la Diócesis Episcopal de Rhode Island, suspendió a la Rev. Redding, impidiéndole no sólo oficiar Misa sino enseñar o predicar en cualquier seminario, iglesia o institución anglicanas. A pesar de ello, la Dra. Redding estuvo dictando la materia Estudios del Nuevo Testamento en la Universidad de Seattle, institución católica romana de filiación Jesuita (más información en http://geoconger.wordpress.com/2007/07/14/muslim-anglican-priest-is-banned-in-seattle-cen-71307/). Redding se mantuvo en su afirmación de que Jesús (P) la llevó al Islam, y que el Islam la hacía mejor Cristiana.

Aunque en algunos lugares de Internet aparecieron comentarios amenazantes contra la Dra. Redding, desde quienes afirmaron sentir deseos de vomitar al conocer su historia, hasta los que aseguraron que ella debía ser quemada al estilo cristiano medieval, muchos anglicanos (incluyendo algunos obispos) y algunos cristianos de otras filiaciones le mostraron su apoyo. Aún así, en abril de 2009, tras pronunciar un emotivo sermón desde el púlpito de la Iglesia Riverside en la ciudad de Nueva York (una de las más grandes e internacionalmente reconocidas congregaciones de los Estados Unidos), fue expulsada de la Iglesia Episcopal (la noticia puede leerse en http://www.ajc.com/news/content/news/stories/2009/04/01/muslim_priest_defrocked.html).

Respecto a por qué mantiene su posición de ser Musulmana y Cristiana a la vez, Redding afirmó que tanto en el cristianismo como en el Islam hay todos los elementos suficientes para llenar espiritualmente a una persona, y que por tanto, ella no pretende enseñar que sea necesario pertenecer a ambas religiones. “Todo está allí. No estoy diciendo que Usted deba ir a otro lugar para estar completo. Algunas personas no necesitan gafas, algunas personas requieren lentes sencillos. Yo necesito bifocales”, aseguró (tomado de http://www.cnn.com/2009/US/04/02/muslim.minister.defrocked/index.html). Sin embargo, Redding está ávida de dar a conocer su experiencia y sus creencias. En 2009, publicó su libro "De la Oscuridad a la Luz: Guía Espiritual en el Corán con Reflexiones desde Fuentes Cristianas y Judías", coescrito con Jamal Rahman y Katheen Schmitt Elias, y aseguró que prepara sus memorias.

En 2007, el blog Planet Grenada, tras la revelación de la doble filiación de Redding, publicó:

Una historia reciente en el Seattle Times trata de la Rev. Ann Holmes Redding, que ha sido sacerdotisa episcopal por más de 20 años y musulmana por los últimos 15 meses… simultáneamente. El artículo “Soy Musulmana y Cristiana a la vez”, me recuerda al pastor de la Iglesia Presbiteriana cercana a mi casa quien, en una conversación que tuvimos hace unos años, no sólo cuestionó la divinidad de Cristo, sino que culpó al dogma de la divinidad de Cristo de distraer a los Cristianos de la lucha por la justicia social aquí en la Tierra. Durante dicha conversación, él también explicó cómo no creía en la infalibilidad de la Biblia y expresó un duelo profundo por un activista Musulmán local que fue deportado a raíz del 9/11. (Tomado de http://planetgrenada.blogspot.com/2007/06/i-am-both-muslim-and-christian.html).


En lo personal, por una parte no veo contradicción en que una persona sea Musulmana y crea en Jesús (P), lea la Biblia (a la luz del Corán) y practique las enseñanzas de Jesús (P), pues pronto descubrirá por su propia cuenta que son las mismas enseñanzas de Mujámmad (PyB) y que el Corán recupera el sentido original de la Biblia haciéndola innecesaria excepto para estudios interreligiosos (véase Más Allá de un Mero Cristianismo). Lo que no entiendo es cómo una persona siendo Musulmana pueda ejercer el sacerdocio, cuando el Islam enseña que no existe clero pues no hay intermediario alguno entre Dios y los seres humanos (véase Lo que no es el Islam). Tampoco entiendo cómo una Musulmana podría colgarse una cruz al cuello, cuando eso es considerado idolatría en el Islam. Sin embargo, eso tiene su explicación en el testimonio del Dr. Jerald F. Dirks que he mencionado más arriba y en su análisis psicológico sobre la adicción y la identidad. Para el occidental, vivir como Musulmán significa romper todos sus esquemas y comenzar a pensar, sentir, vivir y ver el mundo desde una perspectiva completamente diferente, y eso es un proceso personal y complejo. Sólo en la absoluta determinación a cambiar de vida y a someterse de forma pacífica y absoluta a la voluntad de Dios, se puede encontrar el camino correcto para completar ese proceso, y sólo con la ayuda de Dios, éste puede culminarse de forma satisfactoria, inchAl-Lah  (si Dios quiere).

Pero hay también un elemento clave para entender todo esto, en el testimonio de Redding. Ella afirma:

Las personas dentro de una religión no pueden siquiera ponerse de acuerdo en todos los detalles. Así que ¿por qué debería pasar el tiempo tratando de reconciliar todos los del Cristianismo con todos los del Islam? En el nivel más básico, entiendo que las dos religiones son compatibles. Eso es todo lo que necesito. Esto no se trató del intelecto. Todo lo que sé es que el llamado de mi corazón al Islam fue mucho más acerca de mi identidad y de lo que se supone que debo ser. No podría no ser Musulmana. (Tomado de http://seattletimes.nwsource.com/html/localnews/2003751274_redding17m.html).
Semejante afirmación es perfectamente compatible con la fe ciega que promulga el cristianismo, ese “escuchar el llamado” totalmente irracional, que resulta más que suficiente para quien cree que la fe es asunto del corazón o la intuición. Esto es incompatible con el Islam, donde se afirma que “la fe surge del conocimiento”. Todo Musulmán y toda Musulmana estamos obligados a buscar el conocimiento, y eso implica no sólo estudiar una profesión u oficio y aprender sobre ciencias y artes, sino estudiar en profundidad la religión, conocer lo más posible de acuerdo a las capacidades de cada quien sobre los rituales, las doctrinas, la legislación y jurisprudencia, la economía y la política, y todos los aspectos de la vida regidos por la ley coránica, incluidos por supuesto, la ética, la moral y la etiqueta islámicas. A diferencia de muchos Cristianos que interpretan la Biblia a su manera, o que incluso la desconocen y simplemente van a la iglesia los domingos a congregarse y con ello cumplen con su religión, los Musulmanes debemos leer permanentemente el Corán y estudiar cómo fue interpretado por los compañeros del Profeta (PyB) y por él mismo, para así conocer muy bien nuestra religión y ponerla en práctica en cada aspecto de nuestras vidas, en cada acto de nuestras cotidianidades, pues es de esta forma que alabamos a Dios todo el tiempo, en jornada continua 7/24. Para ser Musulmán no es suficiente con “escuchar el llamado”, hay que comprender con claridad, tanto en el intelecto como en el corazón, qué es el Islam y cómo debe vivir un Musulmán.

Como sacerdotisa, la Dra. Redding debe conocer mucho del Cristianismo, en particular de la historia, teología y doctrinas del anglicanismo. Quizá el haber sido expulsada de su Iglesia le permita ahora asumir el reto de ser Musulmana, de conocer a profundidad la historia, teología y doctrinas del Islam, y llevar una vida completamente diferente a la que ha tenido hasta ahora. Una empresa nada fácil, pero que siempre da maravillosos frutos. Que Dios la guíe por el camino recto y le dé fortaleza y sabiduría para completar su proceso, inchAl-Lah.

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